El acto cívico y democrático de las elecciones primarias me lleva a evocar las nociones sobre las formas de gobierno, aprendidas en el ahora lejano bachillerato en el liceo Lisandro Alvarado de Barquisimeto, bajo la tutela del profesor Del Reguero; un alumno de Ortega y Gasset -entonces encontraba uno maestros de esa magnitud regados por toda América-, exiliado de su España natal por un practicante paradigmático de la más abominable de esas "formas de gobierno", el dictador Franco.
Exponía el Maestro la sistematización debida a Platón (ss. IV-V a.C.); consiste en una escala decreciente, desde la forma de administrar el poder más ventajosa para el bienestar público, hasta la menos ventajosa, con las siguientes categorías: monarquía, timocracia, oligarquía, democracia y tiranía.
Llama la atención que en la cúspide de la escala figure la monarquía, gobierno ejercido por un solo individuo; la justa comprensión de este planteamiento impone explicar que el monarca imaginado por Platón es, además de político, filósofo; un individuo en quien se fusionan poder, probidad, juicio equilibrado y capacidad para razonar en el elevado nivel propio de la filosofía. ¡Ay, rara avis in terris, diría Juvenal! Pero seamos comprensivos con el ateniense: al fin y al cabo, su pensamiento es la fuente del idealismo; no por otra razón llamamos platónicos los amores que en la realidad no existen.
Timocracia significa gobierno de los ciudadanos poseedores de determinado capital, o sea, de los ricos, condición que, según Platón, está asociada al honor, por cuanto ese es el significado del prefijo timé en griego; krátia, por supuesto, es gobierno; podría entenderse como gobierno de quienes tienen el honor de ser ricos.
Oligarquía es el control del estado ejercido por una minoría o élite, definida no necesariamente por su riqueza; la élite podría establecerse a partir de la obra intelectual de las personas, de su comportamiento cívico o de cualquier otro criterio.
Por ser un sistema obviamente clasista, la noción de oligarquía repugna a la mentalidad igualitarista moderna, pero no es una opción despreciable; en efecto, está probado experimentalmente que las decisiones tomadas por una minoría intelectualmente calificada son mejores que las debidas a la votación de un conjunto; y cuanto más grande el conjunto, más alta la probabilidad de desacierto en la decisión.
Se distinguen formas de gobierno a partir de la pertenencia del jefe o de la camarilla en el poder a determinadas colectividades institucionales, así hablamos así de castrocracia, teocracia, tecnocracia y pornocracia, entre otras posibles. La última parece una humorada ácida, pero no lo es; en la historia encontramos al menos dos casos de gobierno de las putas.
El cardenal César Baronio acuñó el término pornocracia para identificar un período oscuro de la historia de la Iglesia Católica, en el s. XVI, cuando la influencia de dos cortesanas, Teodora y su hija, Marozia, llegó a ser determinante en el papado durante unos sesenta años, abarcando doce pontífices.
Fue una pornocracia sin ambages el gobierno de otra mujer casualmente llamada también Teodora, esta, emperatriz de Bizancio, protagonista de una historia a lo Grace Kelly en pleno s. VI; quienes se refieren a ella con disposición benevolentemente eufemística, dicen que inicialmente fue actriz, si así pudiera llamarse a una saltimbanqui que hacía números callejeros licenciosos con osos y gansos; se elevó al trono gracias al apasionado enamoramiento inspirado en quien la hizo su esposa y llegaría a ser emperador, Justiniano; pero los estudiosos de lenguaje más crudo no vacilan en llamarla puta, de lo que existen evidencias suficientes; en efecto, la señora ejerció como tal y, gracias a su talento, llegó a ser dueña del mejor burdel de la ciudad. Con el cambio de estatus, Teodora se redimió, aunque sin olvidar a sus antiguas colegas; muy en sentido contrario, las llamó a participar en su gobierno en cargos importantes. Por cierto, reseñan los historiadores que Teodora y sus chicas no lo hicieron mal.
Hurgando en la red, me topo con un artículo sobre una modalidad de gobierno llamada cleptocracia (del griego, clepto: quitar, robar); no puedo resistir la tentación de reproducir tan nítido perfil en sus contenidos esenciales.
"Cleptocracia es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político, el peculado, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes, debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico."
"En una cleptocracia los mecanismos del gobierno de un estado se dedican casi enteramente a gravar los recursos y a la población del país (por medio de impuesto
"Las economías de los regímenes cleptocráticos tienden a decaer constantemente, pues la corrupción sistemática engendrada por el gobierno significa que la economía está subordinada a los intereses de los cleptócratas. Además, las economías basadas en la extracción de materias primas (ejemplo, los minerales
Cualquier semejanza de algún gobierno contemporáneo con este perfil, no es resultado del azar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario