23/3/09

VENEZOLANIDAD

Rafael Marrón (14 marzo 2009)
La sociedad venezolana está siendo atacada ferozmente por un frente gubernamental militarizado sólido y decidido, que usa todos los recursos e instituciones del estado, dirigidos por una sola voz de mando que no admite disidencias ni vacilaciones, hacia un objetivo central, único e innegociable: La confiscación de todos los medios de producción para colocar todos los derechos civiles bajo control del Estado omnímodo y omnipotente regido por la suprema autoridad indefinida de Hugo Chávez. En respuesta a este organizado ataque sistemático, la sociedad intenta defenderse con débiles balidos cada vez más tenues y más asustados, intentado, en algunos casos patéticos, segregar piedad al verdugo. Y así los ganaderos y agricultores luchan por un lado contra las expropiaciones e invasiones ilícitas e ilegítimas. Los médicos por salarios justos -que se los han vuelto a negar- y equipamiento de los hospitales, los docentes por sus pólizas de HCM, lo empleados públicos por sus reivindicaciones contractuales postergadas. Los trabajadores de Guayana por el saneamiento de sus empresas y el respeto a sus contratos colectivos, los de Pdvsa por sus beneficios, los empresarios en general por el acoso de los organismos impositivos, los excesivos controles y la inseguridad jurídica. Los estudiantes por sus derechos a protestar de forma pacífica, los presos políticos por justicia, los partidos políticos por la equidad electoral, los sindicalistas por su permanencia. La ciudadanía en general, por la inseguridad, los servicios públicos ineficientes, la corrupción, el desempleo y la carestía del costo de la vida. No existe ningún segmento de la sociedad que no tenga una batalla que librar.

Sin embargo cada uno lucha por su lado, aislado del resto.

Fedecámaras es atacada por una banda de rufianes y luego le colocan una bomba, y allá ella. La Iglesia es insultada en su más alta jerarquía y ese es su problema. A la comunidad judía le violan sus sagrados recintos, y ah, bueno, menos mal que no fue con los evangélicos. Los comisarios que defendieron el Estado de derecho llevan cuatro años de injusta prisión y les damos de vez en cuando un saludo a la bandera. La presión económica nos hace perder importantes tribunas públicas que defienden la propiedad privada y la libre empresa, y al empresariado democrático no afecto al régimen le es indiferente, porque está ocupado con sus asuntos o ellos no se meten en política. El Gobierno gana batallas sin combatir, Logra eliminar enemigos sin tener que darlos de baja. Sin disparar un tiro reduce la disidencia activa, que había configurado un territorio libre en la república, a través de los medios de comunicación independientes. Por la violencia de su aparato paramilitar ha institucionalizado el miedo. Por la indiferencia de nuestros unos con nuestros otros nos ha reducido más que por su fortaleza. En Guayana somos grupos dispersos que luchan contra una muralla exclusivamente por reacción. Pero al enemigo lo hace muralla el aglutinamiento de su poder. Y a nosotros nos debilita la falta de lucidez. Chávez expropió la Cantv y nadie defendió a los trabajadores y ex trabajadores que eran accionistas de esa empresa. Perdieron sus acciones y el gobierno les pagó lo que quiso. Ahora, luego de pasar impunemente esa prueba, Chávez hace lo mismo con 15.000 familias guayanesas, que de haber salido lúcidamente en aquella hora amarga a defender a los de Cantv seguro estoy que Chávez les estaría pagando los dividendos que les corresponden. Chávez ha metido el dedo en el tomacorriente muchas veces para catar nuestras reacciones, como cuando botó a 20 mil trabajadores de Pdvsa, lo que fue aplaudido por los trabajadores de Guayana -que fueron en autobuses a atacar a los petroleros de Anaco y de El Tigre- y ahora están amenazados por acto similar con la ventaja de tener ahora Chávez todo un país para importar mano de obra barata y domesticada para obedecer ciegamente al poder y trabajar de sol a sol por tres tazones de mazacote al día. Pero como los empresarios no son obreros, ni los médicos docentes, ni éstos presos políticos, ni los estudiantes sindicalistas, uno a uno nos irá engullendo la revolución de Chávez. ¿Quién defiende a Lorenzo Mendoza?, se pregunta Roberto Giusti, en un reciente artículo. Sí, quién defiende a este empresario cuya empresa fue la inventora de la harina pan, que devolvió la arepa a la mesa de los venezolanos. Pero la pregunta incluye también quién defiende a los miles de trabajadores de las Empresas Polar amenazadas de expropiación por Chávez, si el empresario “se pone cómico”, que es un nuevo delito del régimen. Imagínense si los trabajadores de Guayana y los accionistas Clase B y los de Pdvsa y el Metro de Caracas y las alcaldías y gobernaciones y los docentes y los médicos y los empresarios y los estudiantes y las amas de casa, y los sindicalistas -como los de Polar y Coca-Cola- decidimos hoy unirnos en un abrazo nacional y pararle el trote a Chávez en una gigantesca manifestación nacional que inmovilice hasta el aire. A Chávez no lo intimida nota de prensa en redacción ni entrevista en Globovisión, sino la gente en la calle que sale en la prensa global retando su aparato represivo defendiendo sus espacios de libertad y sus derechos. Los accionistas Clase B son 15.000. Si les sumamos el componente familiar y la urdimbre social, serían unos 80 mil. Si todos se movilizan con los trabajadores a quienes duelen las empresas del aluminio y con los docentes y estudiantes acompañados de la sociedad política y civil, Chávez se deshace en llanto con el primer cura que encuentre. Estamos en una situación seria y seria debe ser la respuesta. Si los empresarios posponen sus intereses y melindres por el supremo interés de la patria, y haciendo un pote deciden financiar a medios comprometidos con la propiedad privada y la libre empresa, productores de programas de opinión enfáticamente adversos al régimen comunista, y a dirigentes de oposición para que ocupen espacios en los grandes canales nacionales y puedan acceder a organismos internacionales, todo el lobby edificado a punta de petrodólares se le caerá a Chávez y su verdadero rostro de enemigo del progreso del pueblo y de la clase obrera emergerá en todos los escenarios del planeta, sobre todo en la Europa “de izquierda” tan alcahueta con los gorilas latinoamericanos, que no aceptarían en sus países ni de visita. Pero Chávez nos está venciendo porque los prejuicios y mezquindades son más importantes que nuestro destino común. Los empresarios se hacen de la vista gorda con el cierre de programas de opinión y la insubsistencia de medios impresos, radiales y televisivos por razones económicas, pues el contrato con el gobierno -que los transmuta en triste contratistariado- es más importante que la vida de la nación, obviando que están indisolublemente atados a su ruina. Cuando escucho a alguno de ellos decir que “su deber es salvar su empresa” comprendo por qué Chávez. No, vale, el deber de todos ustedes es coadyuvar con todos nosotros la salvación de la república que salvará todas las empresas. Sin embargo nosotros nos enfrentamos con las uñas, a punta de testosterona, al inmenso poder de Chávez. Creo que es hora de reflexionar. En esta ciudad ya queda muy poca difusión para la disidencia, la profusa transfusión de dinero a través de publicidad del gobierno ha autocensurado no pocas conciencias otrora críticas. Los adversarios que le quedamos de pie a Chávez, tanto medios impresos como radiales, estamos en carne viva. Ustedes -más que Chávez- tienen la palabra. Pero recuerden que cuando vengan por ustedes -como ya andan tras los medios de producción agropecuaria y sus distribuidores y supermercados que serán declarados de propiedad social- nosotros ya no estaremos. ¡Y cómo será de viscoso ese silencio!

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