Sabes una cosa majunche, yo soy un hombre de ideas. Vengo de la más profunda y reflexiva etapa de mi vida, en la que a punta de estudios, debates, discusiones y mucha conspiración, en la cual obtuve toda la conciencia y formación necesaria para confrontar con altura a lo más duro del capitalismo salvaje, en neoliberalismo destructor y a los enemigos de mis pobres. Porque a estas alturas debes saber sin ninguna duda que los pobres son míos, de nadie más. Y, otra cosa, nadie tiene derecho a llamarse socialista o progresista. El único progresista en esta tierra que vio nacer primero a Bolívar y, después a mi, soy yo.
Y esa es la diferencia fundamental entre un majunche común y corriente y un socialista con formación y sólida ideología. Nosotros, los socialistas, y eso que yo soy un militar de los que tenemos mala fama en eso de pensar, somos de una clase superior. No tenemos los mismos niveles de inteligencia que el resto de los mortales. Y si además uno es una liga de militar con socialista el resultado es un superhombre que además de tener los sesos bien dotados, educados y adoctrinados, también tiene las armas.
Y no solamente las armas. Además, siempre tenemos la razón. Nosotros, la razón. Ustedes, la sinrazón. Nosotros la verdad, Ustedes, la mentira. Ustedes, la barbarie, nosotros la paz y la concordia. Y eso justamente es lo que hace más difícil que nos entendamos, me escuchaste majunche. Uno trata de tener un discurso serio, de impacto, lleno de ideas, rico en propuestas, académico. Casi, rayando en lo pedagógico y aparecen ustedes, o mejor tu, con tus ínfulas y esos extraños deseos de ser presidente de Venezuela, cuando sabes perfectamente que ese cargo es mío. Es más, el país es mío. A estas alturas y conociéndome bien como todos me conocen después de casi 14 años de bota en el cogote, no pueden imaginarse que voy a ir a elecciones con la más mínima posibilidad de perder y si pierdo mejor recojan los pañales, pues ahí si es verdad que van a saber cuál es mi verdadero concepto de democracia. Es decir, nuestro concepto, porque somos Fidel y yo.
Esto es altura, altura revolucionaria. Ya están viendo lo que somos capaces de hacer. Los dejamos que convocaran a unas primarias democráticas para que creyeran que estamos en un país normal. Les pusimos unos militares decentes para que los cuidaran y les prestamos al CNE para que lo legitimaran. Y, mire con lo que salieron, se inventaron 2 millones de votos. Ya sabemos que no sacaron más de uno. Así que la revolución reacciona con la profundidad y formación que la caracteriza y de inmediato cantamos fraude, el mismo fraude que les cantaremos en octubre, pedazos de majunches. Les metimos toda la fuerza mediática del proceso para desacreditarlos, les soltamos a los militares y la policía para la calle. Hasta un muerto hubo. Y siguen. Por eso tuvimos que cuadrar a nuestro poder judicial y a los muertos de hambre infiltrados que siempre hay para clavarles una sentencia por el pecho. Y ahí se les salió la clase, majunches, quemaron los cuadernos en claro reto a las leyes, la paz y la Constitución. Ya verán.
Por eso te insisto pedazo de majunche. Tendrás que confrontar conmigo. Ponte los guantes, cobarde. Hablas como un cochino, duermes como un cochino, caminas como un cochino y roncas como un cochino, luego eres un cochino, cochino.
Eso es altura revolucionaria. Academia militar socialista.
¡Qué clase, camarada!
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