Henrique Capriles Radonski. | Afp
Gina Montaner | Miami
Actualizado martes 14/02/2012 05:37 horas
Las encuestas lo daban por ganador y así ha sido. Henrique Capriles Radonski ha vencido con más de 1.800.000 votos en las primarias que los candidatos de la oposición venezolana celebraron el pasado domingo con una alta participación de casi 3 millones de electores. De los cinco aspirantes a medirse contra Chávez en los comicios presidenciales del 7 de octubre, ha sido el más joven de todos ellos quien deberá enfrentarse a la poderosa maquinaria oficialista. Lo que le queda por recorrer a Capriles en los próximos ocho meses es un camino plagado de minas.
Y así fue, imaginando la carrera de obstáculos que tendrá que sortear el líder del partido Primero Justicia, cómo comprendí que su estrategia, la que hasta ahora han seguido las fuerzas políticas aglutinadas en la Mesa de Unidad Democrática, es la de una singular declaración de guerra frente al chavismo. Paradójicamente, se trata de la reafirmación de la reconciliación nacional enfrentada al discurso guerrero que desde hace 13 años agita Hugo Chávez. La similitud me vino a la mente en el cine la noche antes de que se celebrara esta consulta histórica, que por primera vez reunió a una oposición despojada de los males que arrastraban los partidos tradicionales y que favorecieron el ascenso de un militar golpista como Chávez.
En el filme francés 'Una declaración de guerra' una joven pareja, enfrentada al cáncer que aqueja a su bebé, decide luchar contra el mal desde la fuerza que proporcionan la unión y el pensamiento positivo. Es como vencer a los fusiles en el campo de batalla empuñando una bandera blanca. De algún modo, la oposición venezolana se ha lanzado a las trincheras dispuesta a reconducir el destino del país por la vía democrática y pacífica, mientras que el gobierno de Chávez saca a desfilar los fantasmas de un golpe de estado que podrían poner en marcha sus narcomilitares, armados asesorados por la Fuerza Armada cubana que cogobierna con el líder bolivariano. Porque la supervivencia del castrismo pasa por el chavismo y viceversa.
Desde el principio Capriles sintonizó con los votantes a los que les debe su triunfo. Este joven político de treinta y nueve años viene avalado por una fulgurante trayectoria que hasta ahora no ha conocido la derrota en las urnas: ha sido el presidente más joven de la Cámara de Diputados y fue elegido alcalde de Baruta por dos periodos consecutivos. En 2008, Capriles logró ser gobernador del estado de Miranda tras derrotar a Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes del chavismo. Cuando decidió presentarse a las primarias de la oposición, el aspirante a la presidencia apostó por un modelo de socialdemocracia como el que implantó Lula en Brasil. Capriles propone el "camino del progreso" frente al "camino del socialismo" de su oponente.
Henrique Capriles sabe que en la guerra desigual que le ha tocado librar los peligros son muchos: el poderío militar de un régimen autoritario que ya ha advertido que no está dispuesto a renunciar al poder; los millones de dólares que Chávez manejará a su antojo en una campaña en la que el gobierno controla la mayoría del los medios; el clientelismo político y, también, la amenaza de represalias contra aquellos que no apoyen el proyecto del socialismo del siglo XXI. Es obvio que al candidato de la oposición le espera una guerra sucia.
Imaginemos por un momento que Henrique Capriles vence a Hugo Chávez el próximo 7 de octubre. ¿Bastarán sus buenos propósitos para llegar al Palacio de Miraflores? Ojalá. Desconocer la voluntad popular podría ser el inicio de un baño de sangre.
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