Busca salvavidas forzados en la banca privada, las multinacionales... y hasta en el dinero de las jubilaciones
Ana Zarzuela.- Quiso hacer de ella la niña bonita de sus ensueños bolivarianos y el motor de todas sus revoluciones. Sólo las inversiones para su Plan de Siembra Petrolera eran de 56.000 millones de dólares en la próxima década. Pero Pdvsa ya no tiene ni para sostenerse a sí misma. A pesar de las advertencia de la OPEP, que ya le ha leído la cartilla, Pdvsa echa mano de todo para maquillar un pasivo de más de 24.000 millones de dólares: paga el 20% de sus impuestos en barriles al Tesoro venezolano, ha metido la mano en la Caja de Ahorros de sus empleados, emite bonos por 2.500 millones de dólares deja a deber a los proveedores y contratistas más de 5.000 millones de dólares, congela la deuda por las ventas del crudo y la mora con sus socios en las empresas mixtas; recorta un 20% de los sueldos, rebaja sus gastos y sus inversiones en un 60%, le marca nuevas condiciones a las multinacionales y, por si acaso, deja claro que cierra otra vez las puertas del Ciadi a sus reclamaciones. Pero el asalto a la liquidez sólo soltará un 10% del lastre de sus grietas. Sus seis grandes proyectos estrella de Anzoátegui y Sucre están paralizados y por segunda vez, ni la Faja del Orinoco llega a tiempo ni tiene quien lo compre. Ni el peaje de 2 millones de dólares por cabeza -pagado hace meses- ni las prisas y la avidez de los 10.000 millones de inversión que Caracas espera ingresar por cada proyecto despejan su futuro. Repsol tendrá que esperar, por lo menos, hasta agosto. Las multinacionales se ponen a cubierto -Pdvsa promete cambiar las condiciones de las licitaciones- y los bancos tratan de blindar sus arcas de la avidez del Palacio de Miraflores.
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