
La contundencia de las medidas de la OEA contra el nuevo gobierno de Honduras ha generado críticas de parcialidad, en comparación con la flaqueza del organismo cuando ha habido violaciones de la democracia en otros países.
Durante años grupos cívicos y de oposición han apelado a la Organización de Estados Americanos (OEA) a que actúe para frenar supuestos atropellos en Venezuela, Bolivia y Nicaragua, y ahora están atónitos por su intervención decidida en favor del depuesto presidente Manuel Zelaya en Honduras.
En Nicaragua, el obispo Bernardo Hombach contrastó la “beligerancia” de la OEA en el caso de Honduras con su silencio ante el “fraude” en los comicios municipales de noviembre.
Y en Venezuela, la oposición ha acusado a la institución de pasar por alto los abusos en ese país y ser “parcial” a favor del presidente Hugo Chávez.
Esas quejas también han resonado en los centros conservadores de Washington.
En declaraciones a Efe el costarricense Juan Carlos Hidalgo, del Instituto Cato, acusó al secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, de “complacer a los países de la región que están en favor del proyecto bolivariano (de Chávez), porque depende de sus votos para su reelección”.
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