20/10/09

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“La guerra es en las noches y durante el día. La guerra es siempre. Los muertos son siempre. Y las calles se anegan de lágrimas y de rabia. Y no se hace nada. Sucede que el gobierno no hace nada. Sucede que nos enseñan que la vida no vale nada”. Lo que nos cuenta Ana Maria Valeri es aterrador. Una realidad de la Venezuela de hoy durante el régimen de Hugo Chávez. Con sus historias de muertes sin justicia, que se archivan sin la debida investigación como “caso cerrado”, que son cotidianas, rutina diaria, y luego la tragedia de los que sobreviven.

Cuando la vida no vale nada
Ana María Valeri
A mi empleada doméstica esta semana le mataron a su hijo. Fue en El Valle. A balazos. Así, como quien mata un animal. Le dieron unos balazos y lo dejaron tendido en el piso. El muchacho tenía veintidós años, vivía con una jovencita y tenía una hija de año y medio. Trabajaba de lunes a sábado y pensaba mudarse de la zona porque varias veces habían intentado robarle la moto que era su única propiedad. A su madre le dijeron que su hijo estaba desaparecido hacía tres días. Ella y sus familiares recorrieron hospitales con la esperanza de encontrarlo, puesto que pensaban que habría tenido algún accidente de tránsito. Nada. Alguien decidió ir a la morgue y preguntar. Allí estaba. De allí avisaron a su madre. Le entregarían el cadáver después de su reconocimiento.

El velorio fue terrible. Hubo que recoger dinero entre familiares y conocidos para enterrarlo. Diez millones y tiene derecho a enterrarse, si no, no hay manera. No hay donde sepultar un hijo que yace sin alma junto con el alma de una madre desgarrada por el dolor. Diez millones o nada. Más adelante habrá que pagar lo que se debe a quienes se compadecieron y prestaron la plata para la sepultura del muchacho.

No hay culpables. No se sabe. Y no pensamos que se sabrá. Será una carpeta más en el archivo criminal de algún organismo del Estado. Caso cerrado. Solo se sabe de la sangre que quedó en las escaleras del cerro. Manchadas con la vida de uno más. Y el agua las borrará dentro de poco. Las huellas de los que trepan a diario las escalinatas se llevarán lo que quedó de un cuerpo baleado. Fin de la historia.

Y con el comienzo de otra semana se escribirán con sangre nuevas historias de muertes, de balas, de cuchilladas, de robos, de secuestros, de zozobras.

Pero terribles no son solo las muertes, lo desgarrador de las tragedias, las realidades que parecen cuentos de terror. Terribles son también los padecimientos de quienes sobreviven a tanto dolor, a tanto sufrimiento, a tanto desconsuelo. Y peor aún es acostumbrarse a conocer todos estos hechos y vivir sabiendo que no hay quien haga nada para solucionar la situación que nos agobia, que acaba con nuestros nervios y con nuestra estabilidad.

Estoy más que segura que si se preguntase qué es lo que más ansiamos los venezolanos la respuesta sería: Vivir. Probablemente no habría que decir que se desea una vivienda mejor, un carro, educar a los hijos, ser rico. No, con toda seguridad imagino que la respuesta rondaría algo más básico, más instintivo, más primitivo: Vivir.

Vivir envuelve planes. Estudiar, trabajar, enamorarse, tener hijos, tener un techo propio, divertirse, disfrutar con los amigos, hacer lo que se quiere, cuando se quiere, como se quiere. En paz. No en medio de la guerra. Con la piel erizada pienso que no hay nada peor que vivir con la angustia de quien vive en un país en guerra. Solo que –imagino- en la guerra se apunta al blanco y se lanza una bomba para destruir el objetivo del enemigo. En nuestro país pareciera que todos somos enemigos. La guerra es contra quien camina en la calle, va a trabajar, habla por celular, se monta en su carro, duerme o ve televisión en su casa.

La guerra es los días laborables, los fines de semana, los días de fiesta. La guerra es en las noches y durante el día. La guerra es siempre. Los muertos son siempre. Y las calles se anegan de lágrimas y de rabia. Y no se hace nada. Sucede que el gobierno no hace nada. Sucede que nos enseñan que la vida no vale nada.
anamariavaleri@gmail.com
El Universal
Sábado 17 de octubre

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