-Alberto Rodríguez Barrera-
El Instituto Investigación de Defensa Nacional (NRDI) es un centro de investigación y desarrollo patrocinado por la Secretaría de Defensa, el Estado Mayor Conjunto, los comandos unificados y las agencias de defensa de Estados Unidos. Ahí han trabajado, desde hace años, en proyectos como “Swarming and Information Operations” (enjabramiento y operaciones de información) y “Swarming & The Future of Conflict” (enjambres y el futuro de los conflictos), presentando ideas sobre cómo la revolución de la información afecta a todo el espectro de los conflictos.
La noción de ciberguerra del Instituto se enfocó en el terreno militar (1993), mientras que el estudio sobre ciberguerra examinó los modos irregulares de los conflictos (1996), incluyendo terror, crimen, y activismo social militante. Se adelantó así la idea de que el enjambramiento puede surgir como una doctrina definitiva para incluir y exaltar tanto la ciber-guerra como la net-guerra. La proposición doctrinal se refiere a los esfuerzos para encarnar una visión de cuatro partes sobre cómo prepararse para el conflicto de la era informativa.
En primera instancia se aboga por la adopción de un concepto amplio de la información, definiéndola como algo que se refiere no sólo a los medios de comunicación y los mensajes transmitidos, sino que también al creciente material de “contenidos de información” de todas las cosas, incluyendo armas y todo tipo de sistemas. La próxima parte de su visión se enfoca en la dimensión organizacional, enfatizando que la revolución de la información da poder (“empodera”) la forma de red (“network”), minando la mayoría de las jerarquías. En la tercera parte exponen sus ideas para/sobre desarrollar una gran estrategia norteamericana basada en apertura custodiada (“guarded openness”), un principio que, por ejemplo, alienta extenderse ampliamente con ideas sobre libertad y progreso, mientras se sigue siendo circunspecto sobre la difusión de procesos y tecnologías avanzadas de información.
El estudio más reciente completa la visión de cuatro partes articulando una doctrina que llaman “swarming” (enjambramiento), y que creen que puede aplicarse eventualmente sobre el espectro completo de los conflictos, desde baja hasta alta intensidad, y desde acciones cívicamente orientadas a operaciones de combate en tierra, mar y aire.
Aunque primordialmente de interés para los creadores de políticas y estrategas norteamericanos, la documentación es de interés también para académicos e institutos de investigación preocupados por cómo la revolución informativa está alterando la naturaleza de los conflictos.
En síntesis, el enjambramiento es aparentemente amorfo, pero es una forma deliberadamente estructurada, coordinada y estratégica para atacar desde todas las direcciones por medio de un sostenible pulsar de la fuerza y/o del fuego, tanto de cerca como desde una posición alejada. Funcionará mejor –quizás sólo funcionará- si se diseña principalmente en torno al despliegue de una miríada de unidades de maniobra pequeñas, dispersas, en redes (lo que llaman “pods” organizados en “clusters”). Desarrollar una fuerza de enjambre implica, entre otras cosas, cambios radicales en las estructuras militares de organización anteriores. Desde comando y control de unidades de línea hasta logística, profundos cambios de lugar deben ocurrir para alimentar esta “nueva manera de la Guerra”. El estudio examina los beneficios –y también los costos y riesgos- de comprometerse en tal serio cambio doctrinario.
Ejemplos de enjambramiento pueden encontrarse a través de la historia, pero ahora es cuando emergen como doctrina en su propio derecho. Eso es así porque el enjambramiento depende de una devolución del poder a pequeñas unidades y a una capacidad para interconectar a esas unidades que tan sólo recientemente se ha hecho posible, debido a la revolución de la información.
Resumidamente, adelantar la idea de enjambramiento –comprometiendo a un adversario desde todas las direcciones simultáneamente, con fuego o con fuerza- es una de las cuatro doctrinas que desde hace mucho han estado presentes. Las otras formas son la caótica melé, fuerza bruta en masa, y maniobras nimias. Cada forma tiene un requerimiento de información diferente; las melés requieren al menos maniobras que necesitan más que masas, y enjambramiento depende completamente en comunicaciones robustas y rápidas. Aunque todas las formas han estado a través de la historia, melés y masas parecen haber sido las dominantes a nivel táctico primario en los tiempos pre-industriales. Tales dechados de maniobras como en Alejandro el Grande y Genghis Khan se ensombrecen por una larga procesión de militares masa-orientados, un punto acentuado por la breve eminencia de los imperios que crearon.
Durante los dos siglos pasados, sin embargo, masa y maniobra han seguido un patrón mucho más interactivo, destacando el dominio del anterior, a veces (I Guerra Mundial), pero también el posterior (II Guerra Mundial). El Instituto previó que el surgimiento de operaciones de información avanzadas traería el enjambramiento a la proa, estableciendo un nuevo patrón en los conflictos.
Este estudio deriva penetraciones de ejemplos de enjambramiento en la naturaleza y en la historia. Ambas áreas están repletas con instancias de asaltos de omnidireccionalidad a tiempos bien calculados. Desde hormigas y abejas y pacas de lobos, hasta antiguos partianos y mongoles medievales, enjambrados en fuerza o fuego, han probado ser a menudo una muy efectiva manera de pelear.
Algunas sociedades ya han tenido una gran cantidad de exposición hacia y experiencia práctica con enjambramiento. Los británicos, por ejemplo, fueron pioneros de un tipo de enjambramiento en la doctrina naval que siguieron en su lucha contra la Armada Española en 1588, en este caso un enjambramiento de fuego que incesantemente agobió la flota invasora y la aceleró hacia su destrucción. Más adelante, en el siglo 18, el ejército británico tendría que confrontar el fuego de enjambre de los rebeldes norteamericanos, con los cuales nunca pudo realmente. Sin embargo, un siglo más tarde, en la Guerra Zulú de 1879, el ejército británico derrotaría una doctrina sofisticada de enjambramiento con fuerza, después de un temprano contratiempo. Entonces, durante la II Guerra Mundial, los británicos utilizarían enjambramiento defensivo en fuerza para ganar la Batalla de Britania y derrotar la doctrina de enjambre de los U-botes-paca-de-lobos en una prolongada Batalla del Atlántico. Las operaciones de información jugaron papeles cruciales en los resultados de ambas campañas.
La conciencia histórica de que la información fluye (o se interrumpe) provee una llave, tanto para la comprensión como para la práctica de enjambramientos, que debería alentar a los líderes militares para ver las operaciones de información como un elemento central en el desarrollo de la doctrina militar. Se han puesto en marcha un número de iniciativas interesantes, desde la Fuerza Experimental del Ejército hasta las nociones de “red-centric warfare” de la Marina. La Marina y la Fuerza Aérea también están bien representadas cuando se trata de pensar sobre las operaciones futuras.
Enjambramiento de unidades bien uniformadas y mortalmente pequeñas (“Battle-Swarm”) ya han llegado a ser, logrando ubicarse apropiadamente en red, conectadas. Enjambramiento ha implicado cambios radicales en la organización militar, incluyendo la eliminación de muchas formaciones por encima del nivel de compañía. Enjambramiento, y el espacio de batalla no lineal que visualiza, ha requerido también del desarrollo de un nuevo paradigma logístico; el anterior tenía más de trescientos años y, aunque ha funcionado bien a menudo, es masa-orientado, y por ello no apropiado para operaciones de enjambramiento.
Finalmente, nimias operaciones de información –especialmente las que tienen que ver con administrar los propios flujos de información- serán necesarias si se ha de sostener el enjambramiento. Esto pone el acento premium en comunicaciones robustas capaces de resistir una acción interruptora muy determinada. Esto se sostendrá con un nuevo “cambio de mente”, cognoscitivo y que cultive el valor integral de las operaciones de información en asuntos militares.
El Instituto Investigación de Defensa Nacional (NRDI) es un centro de investigación y desarrollo patrocinado por la Secretaría de Defensa, el Estado Mayor Conjunto, los comandos unificados y las agencias de defensa de Estados Unidos. Ahí han trabajado, desde hace años, en proyectos como “Swarming and Information Operations” (enjabramiento y operaciones de información) y “Swarming & The Future of Conflict” (enjambres y el futuro de los conflictos), presentando ideas sobre cómo la revolución de la información afecta a todo el espectro de los conflictos.
La noción de ciberguerra del Instituto se enfocó en el terreno militar (1993), mientras que el estudio sobre ciberguerra examinó los modos irregulares de los conflictos (1996), incluyendo terror, crimen, y activismo social militante. Se adelantó así la idea de que el enjambramiento puede surgir como una doctrina definitiva para incluir y exaltar tanto la ciber-guerra como la net-guerra. La proposición doctrinal se refiere a los esfuerzos para encarnar una visión de cuatro partes sobre cómo prepararse para el conflicto de la era informativa.
En primera instancia se aboga por la adopción de un concepto amplio de la información, definiéndola como algo que se refiere no sólo a los medios de comunicación y los mensajes transmitidos, sino que también al creciente material de “contenidos de información” de todas las cosas, incluyendo armas y todo tipo de sistemas. La próxima parte de su visión se enfoca en la dimensión organizacional, enfatizando que la revolución de la información da poder (“empodera”) la forma de red (“network”), minando la mayoría de las jerarquías. En la tercera parte exponen sus ideas para/sobre desarrollar una gran estrategia norteamericana basada en apertura custodiada (“guarded openness”), un principio que, por ejemplo, alienta extenderse ampliamente con ideas sobre libertad y progreso, mientras se sigue siendo circunspecto sobre la difusión de procesos y tecnologías avanzadas de información.
El estudio más reciente completa la visión de cuatro partes articulando una doctrina que llaman “swarming” (enjambramiento), y que creen que puede aplicarse eventualmente sobre el espectro completo de los conflictos, desde baja hasta alta intensidad, y desde acciones cívicamente orientadas a operaciones de combate en tierra, mar y aire.
Aunque primordialmente de interés para los creadores de políticas y estrategas norteamericanos, la documentación es de interés también para académicos e institutos de investigación preocupados por cómo la revolución informativa está alterando la naturaleza de los conflictos.
En síntesis, el enjambramiento es aparentemente amorfo, pero es una forma deliberadamente estructurada, coordinada y estratégica para atacar desde todas las direcciones por medio de un sostenible pulsar de la fuerza y/o del fuego, tanto de cerca como desde una posición alejada. Funcionará mejor –quizás sólo funcionará- si se diseña principalmente en torno al despliegue de una miríada de unidades de maniobra pequeñas, dispersas, en redes (lo que llaman “pods” organizados en “clusters”). Desarrollar una fuerza de enjambre implica, entre otras cosas, cambios radicales en las estructuras militares de organización anteriores. Desde comando y control de unidades de línea hasta logística, profundos cambios de lugar deben ocurrir para alimentar esta “nueva manera de la Guerra”. El estudio examina los beneficios –y también los costos y riesgos- de comprometerse en tal serio cambio doctrinario.
Ejemplos de enjambramiento pueden encontrarse a través de la historia, pero ahora es cuando emergen como doctrina en su propio derecho. Eso es así porque el enjambramiento depende de una devolución del poder a pequeñas unidades y a una capacidad para interconectar a esas unidades que tan sólo recientemente se ha hecho posible, debido a la revolución de la información.
Resumidamente, adelantar la idea de enjambramiento –comprometiendo a un adversario desde todas las direcciones simultáneamente, con fuego o con fuerza- es una de las cuatro doctrinas que desde hace mucho han estado presentes. Las otras formas son la caótica melé, fuerza bruta en masa, y maniobras nimias. Cada forma tiene un requerimiento de información diferente; las melés requieren al menos maniobras que necesitan más que masas, y enjambramiento depende completamente en comunicaciones robustas y rápidas. Aunque todas las formas han estado a través de la historia, melés y masas parecen haber sido las dominantes a nivel táctico primario en los tiempos pre-industriales. Tales dechados de maniobras como en Alejandro el Grande y Genghis Khan se ensombrecen por una larga procesión de militares masa-orientados, un punto acentuado por la breve eminencia de los imperios que crearon.
Durante los dos siglos pasados, sin embargo, masa y maniobra han seguido un patrón mucho más interactivo, destacando el dominio del anterior, a veces (I Guerra Mundial), pero también el posterior (II Guerra Mundial). El Instituto previó que el surgimiento de operaciones de información avanzadas traería el enjambramiento a la proa, estableciendo un nuevo patrón en los conflictos.
Este estudio deriva penetraciones de ejemplos de enjambramiento en la naturaleza y en la historia. Ambas áreas están repletas con instancias de asaltos de omnidireccionalidad a tiempos bien calculados. Desde hormigas y abejas y pacas de lobos, hasta antiguos partianos y mongoles medievales, enjambrados en fuerza o fuego, han probado ser a menudo una muy efectiva manera de pelear.
Algunas sociedades ya han tenido una gran cantidad de exposición hacia y experiencia práctica con enjambramiento. Los británicos, por ejemplo, fueron pioneros de un tipo de enjambramiento en la doctrina naval que siguieron en su lucha contra la Armada Española en 1588, en este caso un enjambramiento de fuego que incesantemente agobió la flota invasora y la aceleró hacia su destrucción. Más adelante, en el siglo 18, el ejército británico tendría que confrontar el fuego de enjambre de los rebeldes norteamericanos, con los cuales nunca pudo realmente. Sin embargo, un siglo más tarde, en la Guerra Zulú de 1879, el ejército británico derrotaría una doctrina sofisticada de enjambramiento con fuerza, después de un temprano contratiempo. Entonces, durante la II Guerra Mundial, los británicos utilizarían enjambramiento defensivo en fuerza para ganar la Batalla de Britania y derrotar la doctrina de enjambre de los U-botes-paca-de-lobos en una prolongada Batalla del Atlántico. Las operaciones de información jugaron papeles cruciales en los resultados de ambas campañas.
La conciencia histórica de que la información fluye (o se interrumpe) provee una llave, tanto para la comprensión como para la práctica de enjambramientos, que debería alentar a los líderes militares para ver las operaciones de información como un elemento central en el desarrollo de la doctrina militar. Se han puesto en marcha un número de iniciativas interesantes, desde la Fuerza Experimental del Ejército hasta las nociones de “red-centric warfare” de la Marina. La Marina y la Fuerza Aérea también están bien representadas cuando se trata de pensar sobre las operaciones futuras.
Enjambramiento de unidades bien uniformadas y mortalmente pequeñas (“Battle-Swarm”) ya han llegado a ser, logrando ubicarse apropiadamente en red, conectadas. Enjambramiento ha implicado cambios radicales en la organización militar, incluyendo la eliminación de muchas formaciones por encima del nivel de compañía. Enjambramiento, y el espacio de batalla no lineal que visualiza, ha requerido también del desarrollo de un nuevo paradigma logístico; el anterior tenía más de trescientos años y, aunque ha funcionado bien a menudo, es masa-orientado, y por ello no apropiado para operaciones de enjambramiento.
Finalmente, nimias operaciones de información –especialmente las que tienen que ver con administrar los propios flujos de información- serán necesarias si se ha de sostener el enjambramiento. Esto pone el acento premium en comunicaciones robustas capaces de resistir una acción interruptora muy determinada. Esto se sostendrá con un nuevo “cambio de mente”, cognoscitivo y que cultive el valor integral de las operaciones de información en asuntos militares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario