El oficialismo guarda gran sincretismo con algunos vendedores inescrupulosos que siempre se “equivocan” pero a su favor. Todos sus proyectos han fallado y con las soluciones que le dan a sus propios errores sucede igual. Entonces vienen las excusas, es a causa de tal cosa y nos veremos obligados a cerrar parcialmente los centros comerciales, sin avizorar los daños que causaban y sin dar razones ciertas que justifiquen las medidas, finalmente han tenido que recular viendo que la “prevención” no representa mayor ahorro para el consumo eléctrico y sí un grave perjuicio para trabajadores, empresarios y público en general.
Antes era hasta complicado entender sus desatinos, y era fácil echarles la culpa a sus predecesores, pero con dos ejercicios presidenciales consecutivos, además accediendo a una devaluación del 100% y con los recursos que han manejado, no hay excusa que valga ni ya se pueden trasladar las incompetencias a la cuarta república. La reducción del horario del trabajo traerá un caos funcional y mayores deficiencias en la administració n pública. Es claro, evidente que estamos ante la mayor ineptitud y malas intenciones sin que hayan explicaciones que valgan para justificar la catástrofe que arrastra este país desde hace once años. Seguramente, daños irrogados que costarán algunas décadas para devolver a Venezuela a su normalidad, sin muchos lujos ni aspavientos. Será una labor de héroes, que no advertimos pero que seguramente aparecerán en algún lado, y que no serán los mismos tercios de antes ni parientes de los de ahora. Vomitará el volcán todas sus lavas sepultando odios, pendencias e incapacidades. Comenzaremos de nuevo, preferiblemente sin rencores e impartiendo justicia, no creo que haya compasión para los transgresores, ni perdones incoloros. Venezuela cruje desde sus cimientos y se halla hipotecada, empero, el dinero se sigue botando raudamente como si las cosas no fueran así, a punta de gasto público se mantiene unos “alabarderos” que en nada benefician los intereses nacionales.
Cada vez somos más dependientes, cada vez se van más los capitales de este país y con escasas posibilidades de regresar al corto plazo. Desde afuera nos miran como “bichos” raros. El venezolano se ha degradado dentro y fuera de sus confines. No hay disimulos que valgan para ocultar la tragedia, es como si hubiese ocurrido un terremoto y quisieran borrar sus huellas con pintura y a brochazos.
La luz, o la carencia de ella, son prueba ineluctable de esa incapacidad, de lo que es gobernar sin tener la menor noción de cómo se llevan las cosas en una nación. Improvisando individuos para que ocupen puestos de dirección sin ninguna preparación, trayectoria o experiencia. Estamos pagando toda una sociedad las carencias éticas de un grupo de improvisados “caballeros” que se adueñaron del país.
Los pueblos son sabios, y pienso que el venezolano también lo será cuando le toque reaccionar frente a la tragedia, no hay mayor escalafón que la Patria, y ella está a punto de perderse. No creo en los conformismos indeterminados, siempre hay un final para todo y para todos y parece que estamos en la alborada de un cambio. Ya no se pueden trasladar las culpas a responsabilidades ajenas, ya superamos los tiempos cuando la gente vivía engañada, y no sabía quién era el culpable. Como en la guaracha que cantaba Manolo Monterrey “Quién fue que mató a Consuelo” y el coro de la orquesta le respondía acordemente “no lo sé señor Juez;” aquí hasta el más despistado ciudadano lo sabe. Eso era antes “que la gente se preguntaba por la muerte de Consuelo y quién fue quien le dio los tiros”. El único consuelo que le queda al oficialismo será abrir más cosas que cerrarlas porque la debacle que se avecina es total. Serán los tiempos de las aproximaciones pero no virtuales o provisionales, hay que meterle más el hombro al país, que seguirle metiendo las manos a sus arcas. Los ladrones tienen un solo final, que son “honrados” en la cárcel, y no es posible que nos hayamos cundidos de ellos como se cunden lugares de roedores. Nos cercaron, avasallaron los otrora representantes del “proceso” que ahora andan huyendo de la justicia y solicitados por la INTERPOL. Qué vergüenza para un país que antes contaba con figuras decentes y acentuadas. Hoy somos el bagazo y el monstruo de la fecundidad randa.
*Francisco Alarcón is a Venezuelan poet laureate. His articles and columns have appeared in the most important newspapers in Latin America.
Fuente: The Americano
Autor: Francisco Alarcón *
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