La situación del presidente Chávez ha empeorado visiblemente desde que hace dos semanas presentamos nuestro primer Estado del Enfermo y nos propusimos reportar con cierta periodicidad la situación de este régimen que muestra las características de un enfermo en fase terminal.
No es impensado el uso que hacemos del adverbio “visiblemente”. Desde nuestro último reporte, el Régimen no ha cometido nuevos errores, al menos que revistan importancia dentro de su proceso degenerativo. Pero se han hecho más visibles sus errores de siempre, sobre todo los estructurales, y se ha expandido el conocimiento que de ellos tiene la opinión pública mundial. Salvo excepciones que ya están a la defensiva, como es la de algún gobierno europeo interesado en canjear respaldo político por contratos para sus empresas, la incapacidad del gobierno actual venezolano y su naturaleza anti-democrática son hechos universalmente aceptados, uno de esos tópicos que nadie discute salvo desde posiciones doctrinarias muy rígidas en las cuales todo se justifica siempre que se haga en nombre del socialismo, el anti-imperialismo y la revancha de los pueblos fracasados.
Ni siquiera la presencia en Caracas del ministro de Tecnología cubano, enviado por Fidel Castro para conjurar la crisis de suministro eléctrico, puede considerarse un error nuevo. No hacía falta el auxilio del mayor experto en suministro eléctrico de un país donde ese suministro apenas existe, para conocer la patológica sumisión de Chávez al anciano tirano de la isla. Solamente se ha puesto en evidencia una situación de dependencia psicológica que hasta ahora se había manejado con relativa discreción.
Mal podrá el ministro cubano evitar los apagones si no ha podido impedirlos en su propio país. Él sólo es un ministro, no un dios capacitado para decir “Hágase la luz”. Su contribución no podrá ir más allá de lo pedagógico. Tratará de enseñar a los venezolanos cómo se vive en la obscuridad, aspecto en el cual es innegable su experticia. Para cualquier análisis, lo más interesante es que el cubano dirigirá las operaciones desplegadas por el gobierno venezolano para enfrentar esta crisis eléctrica. De ello puede deducirse que en este como en casi todos los campos el presidente Chávez no cuenta con personal competente para gobernar. Ya los cubanos han asumido responsabilidades como las de identificación -determinante en el aspecto electoral-, inmigración, notarías y registros, seguridad ciudadana y seguridad de Estado y, significativamente, el apresto militar para el cual los oficiales venezolanos son incompetentes, como debe inferirse.
Esta crisis eléctrica ha puesto en evidencia el desconocimiento que, tras once años de ejercicio, el presidente Chávez ha logrado conservar en los aspectos fundamentales del oficio de gobernar. Si sus propios gobernados tuvieran una idea más clara de lo que debe saber un presidente, esta virginidad intelectual hubiera alarmado cuando a comienzos de la crisis financiera internacional Chávez dijo que Venezuela estaba blindada contra ella. Lo grave fue que el Presidente de Venezuela dijo eso de buena fe. Es decir… ¡lo creía!
Los imprudentes excesos mediáticos del presidente a propósito de la crisis de suministro eléctrico han potenciado las razonables dudas sobre su capacidad para el ejercicio del cargo. Una vez más le sorprendió una crisis anunciada por cuantas personas conocen de un tema vital -las necesidades energéticas de una nación-, con el cual se supone familiarizado a cualquier ciudadano que aspire a gobernar. Sus elementales equivocaciones en las alarmadas actuaciones televisivas donde trató de explicar que la luz se va por culpa de La Cuarta, obligan a pensar que sus conocimientos de electricidad se limitan a lo indispensable para apagar la luz antes de entregarse al reposo nocturno. De hecho, el presidente llegó a confesar su culpa. Fue cuando, ya en medio de los apagones, dijo que cuando llegó a Miraflores -¡hace once años!-, encontró proyectos para hacer más represas en el curso del río Caroní, donde ya se genera el 70% de la energía eléctrica utilizada en Venezuela. Esos proyectos eran “una barbaridad” -dijo-, pues comprometían aún más el ya excesivamente solicitado caudal de aquellas aguas. De modo que los desechó por descabellados.
Un disparate de tales proporciones puede sacarlo a uno de balance, sobre todo si quien lo dice tiene la máxima dignidad de la nación. Por unos segundos dudas hasta de tu propia conciencia. Es que no puedes creer, menos en el ciudadano Presidente de la República, no ya tamaña ignorancia, sino tanta insensatez, hasta falta de juicio. ¿Creerá el mandalotodo de esta infortunada república que el agua se evapora cuando pasa por una turbina, de modo que ya no existirá para pasar por la turbina siguiente? Ocurre, horror de horrores, que el Jefe del Estado y Jefe del Gobierno, dueño de los tres poderes públicos y aspirante a dominar también el Cuarto Poder, no tiene idea de cómo se genera la electricidad. Con razón llegó raspado en Bachillerato al patio de la escuela militar en la cual lo admitieron porque era un pasable pitcher zurdo, y después superó el Curso de Estado Mayor, en el cual fue aplazado, gracias a una promoción golilla exigida por la entonces Primera Dama de la Nación para beneficiar a uno de sus edecanes. ¡El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela ignora el mecanismo por el cual en todos los sistemas hidroeléctricos del mundo el agua represada pasa a presión por las turbinas, genera energía y sigue río abajo repitiendo ese proceso, multiplicando así su capacidad de generación eléctrica!
En todo caso, si aquellos planes elaborados por técnicos responsables le parecieron “una barbaridad” a este exitoso experto en energía que ha resultado ser el compatriota Chávez, ¿por qué no pasó a elaborar proyectos más sensatos, dado que de la generación de energía depende que el país se mueva, para decirlo de una manera gráfica? No. Simplemente borró de su mente el tema electricidad. ¿Por qué lo borró? Porque, en su panorámica ignorancia, después de once años de ejercer el cargo, este ciudadano a quien los venezolanos eligieron presidente en 1998 no sabía la importancia que para una nación tiene la generación de electricidad. Y no lo supo hasta que se presentaron los apagones.
Con cubano o sin cubano, los apagones se agravarán porque lo que falta no es agua sino generadores, que no los han mantenido ni reemplazado una vez cumplida su vida útil. La Oscurana será el símbolo distintivo de este régimen oclocrático que destruyó el proyecto de país impulsado por los buenos gobiernos de Marcos Pérez Jiménez, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera (I). De nación destruida puede hablarse porque hay 9 millones de venezolanos en estado de pobreza y 3 millones no ganan lo suficiente para comer, 4 millones de niños no tienen escuela, faltan 2.5 millones de viviendas, nuestras ciudades se califican entre las más peligrosas del planeta, somos subcampeones mundiales de inflación (costo de la vida), se ha enajenado el presupuesto e hipotecado el futuro al triplicar la deuda pública, se ha derrumbado la capacidad de PDVSA para producir petróleo, se ha profundizado la dependencia al destruir el aparato productivo de modo que para alimentarnos dependemos del Imperio, la escasez de agua y la degradación de la asistencia médica y hospitalaria ya muestra efectos como la extensión de endemias que se consideraban superadas cual el Mal de Chagas. Por no hablar de una corrupción institucionalizada y de la destrucción de la base de cualquier civilización como es la separación e independencia de los poderes públicos.
Mediten, allá en el fondo de sus conciencias, quienes tienen alguna responsabilidad en este espantoso crimen histórico.
Artículo publicado originalmente en el semanario Zeta
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