19/9/10

Venezuela no es un cuartel... lo dice Alexander Cambero


El régimen nos quiere convertir en un cuartel. Desea que lustremos sus botas, y sigamos sumisamente toda locura que nace en las entrañas de Miraflores.

La revolución bolivariana arremete contra la civilidad y los principios democráticos; no cree en el derecho universal de poder elegir con la libertad de conciencia, para ellos, su gran anhelo es someter a millones a los caprichos del uniforme militar.

La gesta de comiquitas vuela en el sonoro vibrar de la diana. La hacen sonar en la madrugada, para hacernos creer que mantienen el control sobre nuestra vida. Que tienen la facultad de perseguirnos hasta en los íntimos instantes del sueño, ese chirriar obsceno convoca a los ciudadanos a defender la ideología de la miseria. Infortunio que tiene más de una década desgobernando la nación, bajo la égida de administraciones comandadas por hombres surgidos del mundo de las armas. Un ruido chillón que invita al sometimiento de Venezuela. Discursos de guerra para justificar su incapacidad para gobernar, obsesión por constituirse en un ejército infranqueable que derrote en el campo del honor a sus adversarios políticos; sólo que muchos de los componentes militares están dedicados al ejercicio político y se olvidaron que en la naciones democráticas, el equilibrio es una regla de oro.

Presidente Chávez: no somos un campamento. Esta nación que crece en el campo y se forma en las universidades, que se transforma en miles de ámbitos para hacerse republica, no anhela ser una montonera de adulantes detrás de un caudillo. Compañías y batallones que auspician la exterminación de su formación castrense, para sustituirla por fanáticos ebrios de ganas de ver como su genuflexión es mejor que otras. Ridículos actores de opereta que guardan reverencia a los aumentos de salario, que aceptan vergonzosamente ser manipulados por una fuerza extranjera, como la cubana, que toma decisiones en las guarniciones e impone sus caprichos ante el silencio cómplice de algunos que no merecen llamarse venezolanos.

Ahora, son formados para vender verduras y pollos brasileños de dudosa calidad. Se paran firmes para colocar en el camión el próximo pedido de alimentos importados. Han perdido la magnificencia que representa su uniforme, cuando corean entregar su vida por el socialismo, están convirtiendo a las fuerzas militares en una pésima caricatura.

¿Si los huesos heroicos pudieran hablar? Ver como sus herederos naturales desestiman el fruto de aquel esfuerzo. Exclaman a todo pulmón, serle fiel al sistema que peor se ha portado con los ideales libertarios que nos hicieron ejemplo de pueblos. Ahora comandan unidades aéreas con aviones rusos que se caen todas las semanas. Una estafa tan impresionante como la incapacidad que caracteriza al régimen de Hugo Chávez.

El comunismo es la negación de la tradición democrática nacional. No queremos ser un regimiento que rinda culto al caudillo de Sabaneta. Un ejército que lucha con sus miedos y aplaude para no observar, la triste realidad de una nación devorada por la corrupción de su amo.

Venezuela no es cuartel. Cada día su diana chillona se va quedado sola en el camino. Únicamente los fanáticos tarifados acuden ante la convocatoria del sobresalto. ¡Vamos a votar por la libertad...¡



Alexander Cambero

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