14/10/10

Adiestramiento guerrillero en Venezuela...

Cuando entré en el coche me acomodé en el asiento trasero. Justo detrás del copiloto. Y entonces me di cuenta de que estaba pisando algo duro. Al levantar el pie me encontré con un montón de cargadores de Kalashnikov, y el cañón de un subfusil de asalto UZI israelí, asomando por debajo del asiento. Y maldije mi suerte. Llevaba meses esperando aquel momento, pero nadie me advirtió de que había llegado el día de iniciar mi adiestramiento. “Te recogemos en media hora en la bomba de gasolina…”, fue el escueto mensaje de mis camaradas tupamaros. Y yo, como siempre, obedecí sin hacer preguntas.

Solo cinco meses más tarde Xabier Atristain y Juan Carlos Besance, miembros del Comando Imanol de ETA, seguirían mis pasos. También acudirían a Caracas para recibir formación terrorista. También obedecerían las indicaciones de sus instructores venezolanos sin hacer preguntas. También recibirían un curso de explosivos y armamento, tanto con armas cortas como con armas largas. Y también se encontrarían con Arturo Cubillas, el etarra más buscado en Venezuela. Solo que yo me encontraría con Cubillas para ponerle cara, después de 25 años de anonimato…



Caracas, marzo de 2008

Llevaba casi un mes estudiando la teoría. Empollando los manuales de armamento y explosivos que me había entregado un Coronel del ejército venezolano. Y esperando.

Era mi tercer intento de recibir adiestramiento guerrillero en Venezuela. Mucho antes había contactado con Carlos Alberto Ríos, alias Musulmán, un líder tupamaro de Petare, converso al Islam desde hacía una década. Es evidente que después de haber invertido meses en integrarme en la comunidad islámica venezolana, mi acercamiento al hermano Carlos Alberto fue sencillo. Desgraciadamente yo solo soy un periodista mediocre, sin formación ni experiencia en las técnicas de espionaje, y sobreactué. Musulmán se había creído totalmente mi origen palestino, y mi implicación en la lucha antiimperialista. Para entonces yo ya era un colaborador habitual de los medios árabe-venezolanos, había escrito 2 libros sobre cuestiones islámicas, y era el webmaster de Ilich Ramírez, alias Carlos el Chacal. Y gracias a todo el tiempo y esfuerzo en crear una biografía y una identidad sólidas como Muhammad Abdallah, el palestino, mi cámara oculta pudo registrar mi penúltimo encuentro con Musulmán, en la céntrica Plaza Bolivar, a solo unos metros de la alcaldía de Caracas. Desde allí mismo, y ante mi insistencia por acceder a los cursos de explosivos y armamento clandestinos que es posible recibir en Venezuela, Musulmán hizo una llamada telefónica a un Coronel del ejército venezolano, que quedó fielmente registrada por mi cámara:

“Epa, Jimmy, ¿cómo estás, hermano?... Oye, Jimmy, te voy a preguntar algo, ¿cuándo va a haber entrenamiento de comando abajo en... en La Guaira...? Yo necesito entrenar a una gente... Tú me puedes confirmar... Tengo a un hermano musulmán que necesita ser entrenado también... Está aquí en Venezuela ahorita...”




Según Musulmán, existían 6 campos de entrenamiento guerrillero en Venezuela, donde un palestino revolucionario y antiimperialista como yo, podría recibir adiestramiento. No solo en el uso de todo tipo de armamento, sino también en el uso de explosivos, y en la utilización de teléfonos móviles, mandos a distancia de tv, etc, como detonadores. Desgraciadamente mi interpretación de un musulmán aspirante a mártir, que deseaba aprender a fabricar bombas, alerto la defensas de Musulmán, que llegó a creer que se encontraba ante un agente de Al Qaeda enviado a Venezuela por razones oscuras…

Solo la llamada telefónica de un camarada venezolano, alertándome de que el grupo de Musulmán planeaba secuestrarme para “interrogarme”, me libró de una situación ciertamente embarazosa. En justicia debo agradecer a los guerrilleros bolivarianos del Movimento Revolucionario Tupac Amaru – Capítulo de Venezuela, que me acogiesen en sus filas, protegiéndome en todo momento de esa amenaza de secuestro que se cernía sobre mi. El jefe militar del MRTA-Capítulo Venezuela, Alberto Carias, es uno de los guerrilleros con más tradición en la lucha armada venezolana…

Durante la 4ª República, entes de la llegada de Hugo Chávez al poder, Alberto Carias, alias El Chino, estuvo presente en todos los conflictos armados de la historia reciente de Venezuela. Incluso fue detenido en 8 ocasiones acusado de asesinato de policías. A mi me confesó que de esos 8 el solo había participado en uno… Tras el ascenso de Chavez al poder, el Chino Carias, como otros muchos veteranos guerrilleros de ideología comunista y lealtad inquebrantable a su presidente, escalaron en los puestos de responsabilidad de las fuerzas armadas. Y para cuando yo lo conocí, allá por 2006, el Chino Carias compatibilizaba su función de jefe militar tupamaro, una organización considerada terrorista en Europa, con su trabajo como Sub Secretario de Seguridad Ciudadana de Caracas. De la mano de este funcionario de gobierno venezolano llegué a visitar en dos ocasiones el edificio de la DISIP.

Como muchos otros altos mandos policiales y militares venezolanos, el Chino Carias jamás ha escondido su simpatía, contactos y apoyo a todos los movimientos armados antiimperialistas: desde la ETA vasca al Hamas palestino, pasando por el Hizbullah libanés o las FARC colombianas. Y gracias a él contacté con la guerrilla colombiana para solicitar mi acceso a sus campos de adiestramiento.

En Venezuela las cosas van muy despacio. El tiempo transcurre en “horita llanera”. Y hasta febrero de 2008, no conseguí mantener una reunión física con la guerrilla colombiana en Venezuela. Me citaron en Valencia. A unos 160 Km. de Caracas. Después de confirmar que yo no era un espía colombiano o norteamericano, y de pedir referencias sobre Muhammad Abdallah, el Palestino, a los camaradas bolivarianos, los colombianos se habían convencido de que mi deseo de acceder a sus campos de adiestramiento guerrillero era lícito. Y establecieron una reunión con uno de sus reclutadores en Valencia. Acudí a esa reunión aterrorizado, pero armado… con mi cámara oculta. Era consciente de que si me cacheaban o exigían registrar mi mochila, descubrirían el equipo de grabación y me encontraría en una situación muy desagradable. Pero también era consciente de que, de no grabar aquel encuentro, nadie creería que me había reunido con la guerrilla colombiana en Venezuela, para solicitar mi adiestramiento terrorista.

Mi reunión con el guerrillero, que decía llamarse Gerardo, pasó los últimos filtros. Recuerdo que tuve que entregarle una carta manuscrita, explicando mis motivos para desear recibir adiestramiento de las FARC y el ELN. La historia de Dalal, mi esposa palestina asesinada en Jenin, el 8 de marzo de 2004, por una patrulla israelí, siempre resultaba convincente. Y un par de semanas después, el correo entre Venezuela y las FARC viaja por los “caminos verdes” de la jungla y es lento, recibí la ansiada llamada de Gerardo. “Ok, pana, pronto vas a venirte para acá”. Pero no tuve suerte… a los pocos días nos desayunábamos con los titulares que dieron la vuelta al mundo “Bombardeado el campamento de Raul Reyes, las FARC pierden a su nº 2”.

La muerte de Raul Reyes desató una crisis diplomática sin precedentes entre Venezuela, Ecuador y Colombia. Chavez mandó los tanques a la frontera colombo-venezolana, imposibilitando el acceso a Colombia por los “caminos verdes”. Al otro lado de la frontera, el General Freddy Parra, Comandante en Jefe del ejército colombiano, hizo unas declaraciones muy contundentes: “Cualquier civil que se relacione con las FARC será objetivo militar”.

Esa fue la razón por la que tuve que reorientar mi búsqueda de adiestramiento terrorista a Venezuela. Todo el mundo sabía que los grupos bolivarianos organizan cursos de armamento y explosivos desde barrios tan conflictivos como el 23 de Enero, que también frecuente. Su feroz enfrentamiento a la oposición antichavista, y su obsesión de que Venezuela puede ser objeto de una intervención norteamericana, como ocurrió en Salvador, Granada, Haiti o Panamá, les justifica su negativa a entregar los arsenales que poseen. Y su apoyo a cualquier organización “antiimperialista” o “revolucionaria”, como las FARC, HAMAS, Hizbullah o ETA.

Pocos días después del bombardeo al campamento de Raul Reyes, me encontré en Caracas con Oscar Rotundo. Un argentino de nacimiento y venezolano de adopción, corresponsal del famoso periódico izquierdista Resumen Latinoamericano, dirigido por Carlos Aznárez,a quien conocía de su época en Euskadi. Aznárez, entre otras muchas cosas, era el responsable del área latinoamericana de la revista Ardi Beltza, que el juez Baltasar Garzón procesó por su relación con ETA. Pero Rotundo era, sobre todo, el asistente del diputado Roy Daza, presidente de la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional venezolana. Fue quien me aseguró que “Ese día pillaron a los mexicanos. Si hubiesen bombardeado unos días antes habrían pillado a los chilenos, y unos días antes a los vascos...”.



Los campamentos de las FARC recibían la visita de simpatizantes de otras organizaciones de todo el mundo. Con Raul Reyes murieron casi media docena de mexicanos. Los vascos, y yo mismo, nos libramos por días… El ordenador de Raul Reyes, analizado por la Interpol, evidenciaría posteriormente la presencia de etarras en los campos de las FARC.

Finalmente me vi obligado a buscar mi adiestramiento como terrorista en Venezuela. Leonardo, uno de los tupamaros del Chino Carias, me explicó con detalle la formación que podía recibir en sus cursillos de armamento y explosivos. Y mi cámara oculta también registró fielmente nuestra conversación:



Salas: “Yo quiero aprender todo lo que pueda aprender sobre explosivos.

Leo: Ah, ok, no específicamente explosivos, y armamento…

Salas: Y armamento también. O sea, todo lo que se pueda necesitar en Palestina. Para entrar y salir entero.

Leo: Ah ok. El tema de armamento primero… M15, HK, glock , es lo mas común… pero tu imaginate, esto es clandestino… tu vas preso… Porque el tema de explosivos es mas delicado. (…) Porque precisamente en Caracas hace poco pasaron unos eventos de un compañero…



Leo se refería al atentado terrorista contra Fedecamara, la principal empresa opositora del país. El autor del atentado, Héctor Amado Serrano Abreu, más conocido como Caimán entre los tupamaros, murió cuando la bomba le explotó en las manos. Se trataba de otro policía venezolano que al mismo tiempo pertenecía a los grupos armados bolivarianos… “El compañero que murió, pertenece a la policía política…”.



Formación terrorista en Venezuela

Tuve que esperar varios días. Y como siempre, por razones de seguridad, no me dijeron hacia donde nos dirigíamos hasta que ya me encontraba en el coche, pisando un montón de cargadores de Kalashnikov y el cañón de un subfusil de asalto. Como no llevaba preparada la cámara oculta tuve que improvisar, y la primera grabación de esas armas la hice con el teléfono móvil.

Al principio creía que el cursillo sobre explosivo y armamento sería impartido en el 23 de Enero, el barrio más peligroso de Caracas, y en el que había seguido la pista de los simpatizantes de ETA que habían asaltado la embajada de España en Caracas, en febrero de 2008, vestidos con camisetas que lucían el símbolo de ETA. Los bolivarianos, de la Coordinadora Simón Bolivar, lanzaron botes de gas contra los funcionarios de la embajada española, realizaron pintadas de apoyo a ETA y a los presos vascos, y quemaron maniquíes que representaban a Zapatero y al Rey de España. El “porque no te callas”, de nuestro monarca a su presidente, había azuzado una antipatía originada en la legislación Aznar. La Coordinadora Simón Bolivar es uno de los grupos bolivarianos que más apoyo prestan a ETA en Venezuela. Su edificio central, la Casa de Encuentro Freddy Parra, está situado en el centro del peligroso 23 de Enero. La primera vez que lo visité, siguiendo la pista de los asaltantes a la embajada de España, decidí rodearlo para familiarizarme con él antes de entrar. En la parte trasera, lejos del miradas indiscretas, me encontré una enormes pintadas con la ikurriña vasca, y un gigantesco símbolo de ETA. No es extraño, Sebastián Etxaniz Alkorta, uno de los etarras extraditados a España desde Venezuela, trabajó allí mismo como comercial e impulsor del la emisora oficial de la Coordinadora Simón Bolivar, Radio Al Son del 23.

Sin embargo en el 23 de Enero coexisten muchos grupos armados, además de la Coordinadora, como los Carapaicas, los Tupamaros, Alexis Vive, la Piedrita, etc. Todos leales a Chavez, todos afines a las FARC, ETA o Hizbullah, y todos a dispuestos a impartir cursos de armamento y explosivos a nuevos revolucionarios.



Pero cuando me metieron en el coche no nos dirigimos al 23 de Enero, ni a ninguna zona de Caracas conocida por mi. De hecho salimos fuera de la capital, y durante mucho rato circulamos por diferentes carreteras. No estoy seguro de si la intención del recorrido era conducirnos directamente a los cursos de armamento, o simplemente desorientarme para que no pudiese identificar el lugar donde se llevaría a cabo. Sabían que yo no era caraqueño y que difícilmente podría reconocer los cerros, las colinas o las montañas que nos rodeaban, pero aun así tomaron muchas precauciones. Su actividad es clandestina, y tras el atentado contra Fedecámara los grupos armados se replegaron durante semanas y los cursos fueron anulados hasta este momento. Pero había llegado el momento de que mis mentores en los grupos armados bolivarianos, pusiesen a prueba mi capacidad para estudiar los manuales de explosivos y armamento que llevaba estudiando un mes.

Mi generación ya no vivió el servicio militar en España, y yo jamás había tocado un fusil de asalto, una ametralladora o un lanzagranadas. Pero en los días sucesivos aprendí a montar y desmontar, y a disparar , todo tipo de armas de fuego. Primero armas cortas, Glock, Beretta, revólveres y pistolas de diferentes calibre. Después armas largas. Desde el M4 norteamericano al FAL de fabricación venezolana. Aunque, como mi formación estaba destinada, supuestamente, a la lucha armada en Palestina o Iraq, me enseñaron a utilizar armas como la UZZI israelí, o el Kalasnhikov ruso, el arma más utilizada por las organizaciones insurgentes en todo el mundo. Y por supuesto también practicamos con fusiles de mira telescópica. Ideales para ejecutar al objetivo a largo alcance…

Nuestro instructor era un Coronel del ejército venezolano, que como el Chino Carías, o Héctor Amado Serrano Abreu, no ocultaba su afinidad y apoyo a la causa palestina, la guerrilla colombiana o el independentismo vasco, a pesar de ser un funcionario venezolano.

Según me comentaron, exactamente aquellos mismos cursos de armamento habían sido impartidos, en otros puntos de Venezuela y Colombia, a otros miembros de organizaciones armadas como ETA o las FARC. En ese momento no podía imaginar que varios miembros de ETA llegarían a Caracas, pocos meses después, para recibir exactamente el mismo adiestramiento en armamento que yo… de la mano de Arturo Cubillas, el etarra más buscado de Venezuela desde hace 20 años





Han tenido que pasar 2 años para que yo supiese que, tan solo cinco meses después de mi acceso a los cursos de armamento en Venezuela, Xabier Atristain y Juan Carlos Besance, miembros del Comando Imanol de ETA detenidos la semana pasada, llegaban a Caracas. Al igual que yo Atristain y Besance decidieron que, tras la implacable persecución policial que sufre ETA en Francia y Portugal, Venezuela se había convertido en la mejor opción para aprender a matar. Al igual que yo fueron recogidos en Caracas y conducidos a un lugar desconocido donde recibir su adiestramiento. Al igual que yo recibieron formación en explosivos , armas cortas, armas largas. Y al igual que yo entre sus intructores se encontraban oficiales del ejército bolivariano. Y también, al igual que yo, tuvieron un encuentro con Arturo Cubillas, el etarra más buscado de Venezuela. Solo que ellos buscaban su amparo y protección, y yo terminar con su anonimato…



Arturo Cubillas, el instructor de ETA en Venezuela

Juan Contreras, director de la Coordinadora Simón Bolivar en el barrio 23 de enero, y actualmente candidato político por el PSUV en su circunscripción, fue una de mis vías de acercamiento a Arturo Cubillas, el etarra más buscado. La otra fue Paul del Rio, un conocido artista venezolano y Presidente de la Fundación Antiimperialista Capitán de Navío Manuel Ponte Rodríguez, cuya sed e social, el Cuartel San Carlos de Caracas, fue durante décadas una prisión en la que cumplieron condena muchos veteranos revolucionarios. Entre ellos el mismo Hugo Chavez. Pero del Rio alcanzó notoriedad mundial en los años 60 cuando secuestró en Caracas.a Alfredo Di Stefano, el futbolista más famoso del mundo en aquel momento. Paul del Rio no se anda con rodeos, y ante mi cámara reconoce sin pudor: “ Nos pronunciamos hermanos de las FARC, hermanos del ELN y hermanos de la ETA, sin ningún problema…”.

Con semejantes referentes pude forzar un encuentro con Arturo Cubillas, del que no existía ni una sola imagen desde que, hace más de 25 años, el Comando Oker de ETA fue desarticulado por la policía española mientras preparaban un atentando contra Jose Barrionuevo. Todos los miembros del comando fueron detenidos, menos Idoia Lopez Riaño “la Tigresa” y Arturo Cubillas.



Arturo Cubillas ha ganado peso y perdido vista en estos años. Le salí al paso en su oficina del Ministerio de Agricultura y Tierras de Venezuela, donde trabaja como funcionario desde 2005. Mi cámara oculta terminó con su anonimato, captando la primera imagen del etarra más importante de Venezuela, en 25 años…



Antonio Salas

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