Es, por tanto, el momento de salir en defensa de la propiedad privada, es decir: de la libertad y de la vida . Y quienes deben ocupar la vanguardia en esa lucha deben ser, en primer lugar, los ciudadanos. No importa género, raza, clase o condición. Y en la primera de sus filas, el empresariado, que, junto a sus trabajadores, generan la riqueza nacional. No caben, en este combate, medias tintas. La propiedad es un sistema, las propiedades constituyen una madeja: si unos propietarios permiten que se les expropie por partes mientras los otros esperan ser perdonados, están profundamente equivocados.
Antonio Sánchez García
A María Corina Machado
¡LA BOLSA O LA VIDA!
EN EL LLEGADERO DE LA ECONOMÍA
Centralismo estatista, en lo económico, y centralismo dictatorial, en lo político: he allí los ejes estructurales del comunismo en cualquiera de sus vertientes. Leninista, Estaliniano, Maoísta, Castrista y ahora Chavista: poco importan las variables y matices con que se revista el asalto al Poder político para hacerse con el Poder Económico. Ambos ejes se complementan y retroalimentan mutua y recíprocamente. Uno no vive sin el otro. La centralización estatista de la economía conduce inexorablemente a la dictadura. Apropiarse de los bienes y medios de producción termina siendo la llave maestra que permite el desiderátum del comunismo: empujar por medio del hambre al igualitarismo social. Su declarado objetivo estratégico. Para someter así a la sociedad a la esclavitud bajo el imperio de una dictadura totalitaria.
La teoría económica y política lo ha subrayado hasta el cansancio y en todos los idiomas: de la misma forma en que el mercado y la libre competencia, basados en la propiedad privada de los medios de producción y distribución , conducen inexorablemente a la democratización de la sociedad; de la misma manera, la privación de ese derecho y la apropiación por el Estado de todos los bienes materiales y espirituales, y, muy en particular, de aquellos medios que permiten la producción y reproducción de los mismos, conduce inexorablemente a la dictadura.
Si el libre mercado y la propiedad privada conducen a y reproducen la democracia como sistema político, todo atentado contra el libre mercado y la propiedad privada la coartan y terminan por estrangularla. De allí que el objetivo supremo de las fuerzas políticas que persiguen el establecimiento de la dictadura comunista sea coartar el derecho a la propiedad privada y apropiarse mediante la violencia de todos los bienes materiales y espirituales en manos de los ciudadanos. Para controlar luego la producción de los bienes y su reparto de acuerdo al capricho político de los dictadores. En primer y privilegiado lugar los bienes alimentarios, que garantizan la vida humana, para terminar sometiéndola por medio del más aterrador de los medios políticos: el hambre. Es el objetivo final de la libreta de racionamiento. Llámese como se llame. Reducir a los ciudadanos al estado de mendigos.
El enfrentamiento mortal que vivimos los venezolanos entre la dictadura y la democracia desde que el teniente coronel asaltara el Poder ha llegado ya a ese punto crucial: el régimen, que se permitiera la postergación de esa medida extrema pero inevitable del hambreamiento colectivo gracias a los altos ingresos petroleros, agotado esos recursos, se ve obligado a recurrir a la única fuente de riqueza del que el país dispone: los bienes privados. Ha decidido saquearlos para sustentarse económicamente. Para mantener con vida la gigantesca maquinaria parasitaria de su Estado clientelar. Y para medio satisfacer las urgentes necesidades de la población, cada día más paupérrima dado la catástrofe económica provocada por el chavismo. Lo que sólo lo puede realizar mediante la violencia plena.
Hemos llegado, pues, al momento supremo del enfrentamiento político - en estados de excepción ineludiblemente un duelo mortal amigo-enemigo - , aquel en que una de las partes – en este caso el gobierno – le plantea a la otra parte – la sociedad civil, productora de los bienes nacionales -, la clásica e imperativa amenaza de los asaltantes de camino: la bolsa o la vida. Es la política por medio de la guerra.
¿Qué hacer? La derrota estratégica que en el ámbito político le propinaran el 26S las fuerzas democráticas, y que parecen aumentar y fortalecerse en lo venidero a lo largo y ancho del país y en todos los sectores de la población, lo ponen a éste ante la dramática encrucijada de precipitar los acontecimientos, dar el golpe de gracia, asaltar a los ciudadanos e imponer su dictadura mediante el garrote de medidas de expropiación y expolio anti constitucionales – un golpe de Estado estatizador impuesto paso a paso que ya llegó al llegadero de la economía, por lo tanto a su momento definitorio - imponiendo de esa forma el llamado socialismo del siglo XXI: la simple careta del comunismo destructor a la cubana. El Estado en manos del teniente Hugo Chávez, único propietario de cuanto existe en nuestra Patria. Incluso de nuestras vidas. Él y sus cuarenta generales: la propia oligarquía.
Es, por tanto, el momento de salir en defensa de la propiedad privada, es decir: de la libertad y de la vida . Y quienes deben ocupar la vanguardia en esa lucha deben ser, en primer lugar, los ciudadanos. No importa género, raza, clase o condición. Y en la primera de sus filas, el empresariado, que, junto a sus trabajadores, generan la riqueza nacional. No caben, en este combate, medias tintas. La propiedad es un sistema, las propiedades constituyen una madeja: si unos propietarios permiten que se les expropie por partes mientras los otros esperan ser perdonados, están profundamente equivocados. Cuando el comunismo expropia, expropia la totalidad. Luego de los empresarios grandes, vienen los medianos y pequeños. Para terminar en los simples consumidores y culminar el proceso de expropiación ante los que no tienen nada expropiándoles la vida misma. Que pasa a pertenecer al Estado.
Por lo tanto: a luchar desde ahora mismo por el derecho pleno a la propiedad. Que es la lucha por la libertad. Que es la lucha por la democracia. Que es la lucha por la vida.
(CON LOS ESTUDIANTES EL JUEVES)
Antonio Sánchez García
A María Corina Machado
¡LA BOLSA O LA VIDA!
EN EL LLEGADERO DE LA ECONOMÍA
Centralismo estatista, en lo económico, y centralismo dictatorial, en lo político: he allí los ejes estructurales del comunismo en cualquiera de sus vertientes. Leninista, Estaliniano, Maoísta, Castrista y ahora Chavista: poco importan las variables y matices con que se revista el asalto al Poder político para hacerse con el Poder Económico. Ambos ejes se complementan y retroalimentan mutua y recíprocamente. Uno no vive sin el otro. La centralización estatista de la economía conduce inexorablemente a la dictadura. Apropiarse de los bienes y medios de producción termina siendo la llave maestra que permite el desiderátum del comunismo: empujar por medio del hambre al igualitarismo social. Su declarado objetivo estratégico. Para someter así a la sociedad a la esclavitud bajo el imperio de una dictadura totalitaria.
La teoría económica y política lo ha subrayado hasta el cansancio y en todos los idiomas: de la misma forma en que el mercado y la libre competencia, basados en la propiedad privada de los medios de producción y distribución , conducen inexorablemente a la democratización de la sociedad; de la misma manera, la privación de ese derecho y la apropiación por el Estado de todos los bienes materiales y espirituales, y, muy en particular, de aquellos medios que permiten la producción y reproducción de los mismos, conduce inexorablemente a la dictadura.
Si el libre mercado y la propiedad privada conducen a y reproducen la democracia como sistema político, todo atentado contra el libre mercado y la propiedad privada la coartan y terminan por estrangularla. De allí que el objetivo supremo de las fuerzas políticas que persiguen el establecimiento de la dictadura comunista sea coartar el derecho a la propiedad privada y apropiarse mediante la violencia de todos los bienes materiales y espirituales en manos de los ciudadanos. Para controlar luego la producción de los bienes y su reparto de acuerdo al capricho político de los dictadores. En primer y privilegiado lugar los bienes alimentarios, que garantizan la vida humana, para terminar sometiéndola por medio del más aterrador de los medios políticos: el hambre. Es el objetivo final de la libreta de racionamiento. Llámese como se llame. Reducir a los ciudadanos al estado de mendigos.
El enfrentamiento mortal que vivimos los venezolanos entre la dictadura y la democracia desde que el teniente coronel asaltara el Poder ha llegado ya a ese punto crucial: el régimen, que se permitiera la postergación de esa medida extrema pero inevitable del hambreamiento colectivo gracias a los altos ingresos petroleros, agotado esos recursos, se ve obligado a recurrir a la única fuente de riqueza del que el país dispone: los bienes privados. Ha decidido saquearlos para sustentarse económicamente. Para mantener con vida la gigantesca maquinaria parasitaria de su Estado clientelar. Y para medio satisfacer las urgentes necesidades de la población, cada día más paupérrima dado la catástrofe económica provocada por el chavismo. Lo que sólo lo puede realizar mediante la violencia plena.
Hemos llegado, pues, al momento supremo del enfrentamiento político - en estados de excepción ineludiblemente un duelo mortal amigo-enemigo - , aquel en que una de las partes – en este caso el gobierno – le plantea a la otra parte – la sociedad civil, productora de los bienes nacionales -, la clásica e imperativa amenaza de los asaltantes de camino: la bolsa o la vida. Es la política por medio de la guerra.
¿Qué hacer? La derrota estratégica que en el ámbito político le propinaran el 26S las fuerzas democráticas, y que parecen aumentar y fortalecerse en lo venidero a lo largo y ancho del país y en todos los sectores de la población, lo ponen a éste ante la dramática encrucijada de precipitar los acontecimientos, dar el golpe de gracia, asaltar a los ciudadanos e imponer su dictadura mediante el garrote de medidas de expropiación y expolio anti constitucionales – un golpe de Estado estatizador impuesto paso a paso que ya llegó al llegadero de la economía, por lo tanto a su momento definitorio - imponiendo de esa forma el llamado socialismo del siglo XXI: la simple careta del comunismo destructor a la cubana. El Estado en manos del teniente Hugo Chávez, único propietario de cuanto existe en nuestra Patria. Incluso de nuestras vidas. Él y sus cuarenta generales: la propia oligarquía.
Es, por tanto, el momento de salir en defensa de la propiedad privada, es decir: de la libertad y de la vida . Y quienes deben ocupar la vanguardia en esa lucha deben ser, en primer lugar, los ciudadanos. No importa género, raza, clase o condición. Y en la primera de sus filas, el empresariado, que, junto a sus trabajadores, generan la riqueza nacional. No caben, en este combate, medias tintas. La propiedad es un sistema, las propiedades constituyen una madeja: si unos propietarios permiten que se les expropie por partes mientras los otros esperan ser perdonados, están profundamente equivocados. Cuando el comunismo expropia, expropia la totalidad. Luego de los empresarios grandes, vienen los medianos y pequeños. Para terminar en los simples consumidores y culminar el proceso de expropiación ante los que no tienen nada expropiándoles la vida misma. Que pasa a pertenecer al Estado.
Por lo tanto: a luchar desde ahora mismo por el derecho pleno a la propiedad. Que es la lucha por la libertad. Que es la lucha por la democracia. Que es la lucha por la vida.
(CON LOS ESTUDIANTES EL JUEVES)
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