14/11/10

La bisagra necesaria

La bisagra necesaria

Macky Arenas semana a semana...

Publicado el 13.11.2010 11:24
Por Macky Arenas


La denuncia en Venezuela es la más contundente marca de la cotidianidad. Lejos de ser la expresión de un saboteo, que es el nuevo nombre que el gobierno ha puesto a la legítima protesta, es el reflejo más claro del quiebre de esta locura que pretende ser gobierno. Claramente, las mayorías van tomando la acera opuesta a este caos.
La arremetida contra todos los sectores de la vida nacional no tiene otro objetivo que amedrentar, desgastar y desmoralizar. No pueden jugar a la eficiencia, ni aglutinar voluntades, ni siquiera pueden ya mantener las apariencias pues las costuras revientan por todas partes. Los reales ya no bastan. La alternativa, dentro de esta lógica totalitaria, es sacar el juguito al odio. Odio contra todo, odio contra todos y odio entre sí mismos. Odio contra la religión, odio contra todo propietario, odio contra el que sabe, odio contra quien no odia.
La lógica totalitaria necesita del encono, de regar desazón por doquier. Precisan del odio para cohesionar a sus logias. Pregonan la culpabilidad de todos pero no aportan una sola solución. Los verdaderos líderes unen y construyen; estos pobres intrusos coleados en nuestra historia sólo separan y destruyen. Por eso las protestas son actos de sabotaje, porque sabotean su más cara ambición cual es desmembrar a la sociedad, preservar el deterioro y conservar la docilidad de la gente.
Por eso no es extraño que un ministro de Defensa de este régimen razone como lo hizo. Es un petardo pero no podría estar allí si pensara y hablara de otra manera. Su divisa es defender su jefe y su puesto. La misión de su uniforme es asegurar que el poder no será entregado. La revolución es la falsa épica que se han tragado a punta de prebendas y el pueblo la gran mentira, la perfecta excusa, a pesar de que cada día los saca de los comandos a bordo de ballenas y calados de gas “del bueno”, rumbo a sofocar protesta tras protesta.
La protesta es el arma de quienes no tienen armas y termina siendo más imponente que el más sofisticado pertrecho. Por eso articular las protestas, que día a día y hora tras hora llenan la geografía nacional, es un imperativo. Es lo que más teme el gobierno, que la protesta adquiera cuerpo, que se ponga creativa, que se vista de multitud, que se masifique y verifique en su organicidad la inclusión que el régimen de la discriminación le niega a la sociedad. No hay otra manera de cambiar las cosas en Venezuela. No hay tiempo para matarlo esperando. Es demasiado el sufrimiento, demasiada la destrucción, demasiado el cinismo y demasiada la humillación.
Sabotaje es volar un pozo petrolero, no quejarse porque un servicio no funciona; y hacer presos a quienes se atreven es un mensaje a quienes podrían imitarlos. Sabotaje es dejar sin electricidad al país y eso ya lo probó el gobierno. Acusar de saboteadores a quienes protestan desplaza la culpa del gobierno a los usuarios del servicio público y, de paso, le permite castigarlos. Es la perversa lógica del totalitarismo, ante la cual sólo se reacciona con la indispensable bisagra entre las protestas.

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