10/4/11

Murió otro niño warao por desnutrición

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Una mujer indígena carga a su bebé mientras revisa la basura en Cambalache. Foto William Urdaneta
La desnutrición y la pobreza extrema deterioran cada día más las condiciones de vida de los indígenas waraos que viven en los alrededores del vertedero de basura de Cambalache. Sus habitantes reclaman la desatención de la Alcaldía de Caroní, la cual aún no se ha pronunciado por lo sucedido el miércoles cuando la comunidad se vio obligada a enterrar a dos bebés, de 1 y 2 años, debajo de un árbol por falta de ayuda. Ayer otro pequeño del sector falleció por las mismas causas. La Fundación Me Diste de Comer, organismo que ofrece ayuda alimentaria y de salud a sectores de escasos recursos en Ciudad Guayana, considera que los entes oficiales no han puesto todo su empeño en abordar esta situación. La salud de los aborígenes, sobre todo la de los infantes de la localidad, se socava cada día más debido al abandono. Instituciones como éstas colaboran hasta donde es posible, pero es necesaria la intervención de los organismos del Estado para darle solución a este problema antes de que más niños mueran por la ineficacia de las autoridades.

Marcos David Valverde
mdvalverde@correodelcaroni.com

Se tomó la decisión acertada cuando se cambió al 12 de octubre el título de “Día de la Raza” por “Día de la Resistencia Indígena”. Mejor no pudo quedar, pues el nombre, señala Carlos Corinaldesi, refleja fielmente la realidad.

“Se habla de que se ha dignificado a los indígenas, que son nuestros ancestros y hoy se dice que es el Día de la Resistencia Indígena. Es verdad: no solamente tienen que aguantar lo que aguantaban antes, cuando los maltrataban, sino que tienen que aguantar muchos más. Tienen que resistir bastante”, sentencia.

Fuera de ironías, Corinaldesi, director de la Fundación Me Diste de Comer, explica lo que en realidad ocurre a 10 minutos de Puerto Ordaz, en la comunidad Warao de Cambalache, donde la semana que pasó fallecieron dos niños que tuvieron que ser enterrados al pie de un árbol: no hubo asistencia médica para evitar la muerte de los infantes, no hubo ayuda de ninguna clase para trasladar los cadáveres, y, hasta ayer, no hubo pronunciamiento de ente gubernamental alguno.

“En realidad, me parece una vergüenza lo que estamos viviendo. Es algo increíble tener que enterrar dos bebés debajo de una mata”, refiere el director de la Fundación, que presta servicios asistenciales en Cambalache.

Mil veces advertido
Los integrantes del Comité de Salud de la Fundación Me Diste de Comer, dan cuenta sobre las enfermedades que padecen los niños que habitan en Cambalache, muchos de los cuales se alimentan con restos de comida que encuentran en el vertedero. Esos casos se multiplican cada vez más.

“Hemos venido observando que hay mucha diarrea y vómitos. El sábado en la noche el 1-7-1 se llevó a seis niños con ese problema. Nos veníamos dando cuenta de que los medicamentos que les dábamos no les hacían efecto, y quisimos saber si lo que tenían era bacteriano, parasitario o una infección intestinal”, resalta Paola García, integrante del comité.

Los costos de los exámenes que deben practicárseles a más de 180 niños, han sido el impedimento con el que se ha topado la Fundación.

“Si nosotros como personal de salud no podemos atacar esas enfermedades y el centro ambulatorio que está allí no está atendiendo como es, la cantidad de niños con diarrea, vómito, desnutrición y deshidratación seguirá creciendo”, advierte Carlos Rivero.

Parte y parte
Ana de Corinaldesi, integrante de la junta directiva de Me Diste de Comer, señala que, aunque en menor medida, las barreras culturales son otro de los alicientes del problema.

“Nosotros les decimos (a los waraos) que allí hay módulos y que tienen que acercarse, y que lleven a los niños porque tienen un médico. Ellos son muy reacios, pero debemos recordar que es muy difícil que hagan un sacrifico para ir a un hospital”, resalta.

Más allá de todo, Carlos Corinaldesi apunta que los entes gubernamentales no han puesto el empeño que, considera, requiere el caso.

“No se preocupan como se debería. Los bebés se pudrieron allí y los tuvieron que sepultar rápido. Si en ese momento no está la mano que corresponde, pareciera que menos están interesados en ayudarlos con operativos. Los operativos los hacen la Cruz Roja u otras organizaciones. Lo cierto es que esto fue el colmo”, concluye.

El llamado: colaborar

“No se trata sólo de decir: ‘pobrecitos esos muchachitos que se murieron’. No es sólo lamentarse, porque en este caso uno tiene que tener una mano en el corazón y otra en el bolsillo”.

De ese modo sintetiza Carlos Corinaldesi el llamado que, desde la Fundación Me Diste de Comer, envía a toda Ciudad Guayana: colaborar con la comunidad Warao de Cambalache.

A través de esa organización, es posible ayudar depositando aportes en la cuenta corriente 0157-0022-03-3822003061, del banco Del Sur, a nombre de la Fundación Me Diste de Comer, RIF: J-30707748-4.

Asimismo, se puede colaborar con cualquiera de los siguientes medicamentos: Flegyl, Amoxicilina, Metrodinazol, Sultamicilina, Bacitracina, Rifocina, Terramicina, Ambroxol, Clembuterol, Loratadina, Desloratadina, Fluconazol, Clotrinazol, Terbinafina, Somergan, Betadine, Acetaminofén, Ibuprofeno, Diclofenac, alcohol y agua oxigenada.

Muere otro niño warao

Natalie García

Un nuevo fallecido se registró en la comunidad Warao de Cambalache. La víctima formaba parte de los 22 infantes que han sido identificados con síntomas de desnutrición acentuada y que estarían en riesgo a causa de la falta de atención médica asistencial, que desde octubre padecen los aborígenes.

El hecho ocurre justo una semana después de la primera muerte, una niña de 2 añitos que junto a un bebé de un año fueron enterrados bajo un árbol de mango, luego de que familiares y allegados recurrieran a las autoridades para solicitar la exoneración en el pago de las fosas en el Cementerio Municipal, la donación de las urnas y la facilitación de un transporte para llevarlos al camposanto en San Félix.

El entierro informal de los cuerpecitos fue el miércoles y a esta fecha todavía la municipalidad no ha ofrecido respuestas ni mucho menos un pronunciamiento al respecto.

La comunidad, conformada por 86 familias, está muy molesta e indignada por lo ocurrido. Pedro La Rosa, capitán del sector, reiteró que lo que más les duele es que sean los niños las víctimas de la falta de atención que sufren desde hace más de 11 años, tiempo que llevan instalados en la zona tras su salida de los caños en Delta Amacuro en busca de un destino mejor.

Aunque hasta ahora no tienen planteadas acciones, los indígenas buscarán la forma de hacer llegar su reclamo a las instituciones, en primera instancia a la Alcaldía de Caroní, a la cual le solicitan menos política y más hechos a favor de la mejora de la calidad de vida de comunidades como éstas, que apenas subsisten del reciclaje de los desechos en el vertedero Cambalache en medio de un mar de necesidades.

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