ética pública como para que aquí, en este triste y desnortado país
llamado Venezuela no sólo nadie se inmute, sino que al presidente, a
sus ministros y altos funcionarios, a parlamentarios y jerarcas del
régimen y por lo menos a un 40% de la población estas brutales
acusaciones de inmoralidad, corrupción y criminalidad destapados por
Walid Makled, penados en el mundo entero con pesadísimas e ineludibles
condenas, les importe aparentemente un pepino?
Por Pedro Lastra
Me pregunto: ¿cómo reaccionaría el presidente Barak Obama si supiera
que el Jefe del Comando Sur integraba una lista de oficiales corruptos
comprados por un King de Kingpins, denominación con que la DEA designa
a capos del narcotráfico de dimensión planetaria como Walid Makled?
¿Qué harían Rodríguez Zapatero y Sarkozy, si sus tres más importantes
edecanes estuvieran en esa misma nómina? ¿Qué haría la opinión pública
alemana si supiera de boca del propio narcotraficante que dos de sus
generales y el comandante de sus respectiva flota recibía mensualmente
astronómicas cifras en dólares para proteger, encubrir y facilitar la
fabricación y el tráfico de estupefacientes? ¿Qué decisiones tomarían
las altas autoridades de esos cuatro Estados – España, Francia,
Alemania y Estados Unidos - si los máximos encargados de investigar y
procesar las andanzas del comercio ilícito de estupefacientes en sus
respectivos países declarase haberle entregado todas esas graves
informaciones a Angela Merkel, a Barak Obama, a Zapatero y a Sarkozy,
sin que ninguno de ellos hubiera reaccionado? Pero sobre todo me
pregunto: ¿hubieran resistido esos mandatarios y los acusados – justa
o injustamente, poco importa a la hora de adelantar investigaciones
por notitia criminis – las interpelaciones, acusaciones y exigencias
de sus respectivas opiniones públicas, de sus medios, de sus diputados
y senadores opositores?
Me atrevería a jurar con la mano puesta sobre la Sagrada Biblia que
en cosa de horas, todos los acusados estarían puestos bajo arresto y a
la orden de la justicia. Que los respectivos ministros de defensa
serían separados de inmediato de sus cargos, que los jueces, fiscales
y procuradores que no hubieran adelantado dichas investigaciones a su
debido momento irían a la cárcel, que los diputados y senadores
inculpados serían marginados de inmediato de sus respectivos
parlamentos. Y sin lugar a dudas: que esos cuatro gobiernos sufrirían
un tsunami de acusaciones y un huracán de inculpaciones de tal
magnitud, que todos ellos estarían llamando a elecciones inmediatas,
pues todos habrían pasado a la historia. Por la oscura puerta trasera
de la infamia. Y me parece perfectamente posible que en Alemania, país
que se precia de una altísima honorabilidad en el ejercicio de sus
cargos públicos, más de uno de esos soldados preferiría dispararse un
tiro en la sien antes que verse humillado y escarnecido por el
escándalo mediático. Sobran los ejemplos.
¿Hasta qué grado de putrefacción ha descendido la moral nacional y la
ética pública como para que aquí, en este triste y desnortado país
llamado Venezuela no sólo nadie se inmute, sino que al presidente, a
sus ministros y altos funcionarios, a parlamentarios y jerarcas del
régimen y por lo menos a un 40% de la población estas brutales
acusaciones de inmoralidad, corrupción y criminalidad destapados por
Walid Makled, penados en el mundo entero con pesadísimas e ineludibles
condenas, les importe aparentemente un pepino?
¿Quién entiende el silencio del presidente, del ministro del
interior, del ministro de defensa, de la fiscal, del contralor, de la
procuradora, de la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, de
todos los magistrados de la corte ante el escándalo más prominente de
nuestra historia? ¿Quién entiende la casi naturalidad con que lo
tratan los medios, los intelectuales y los políticos opositores? No
hay llanto para llorar sobre esta Patria prostituida. Las lágrimas
también se secan.

CITA CITABLE
"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" .
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