Para comenzar, la red hospitalaria pública está en el suelo, tanto en infraestructura, tecnología como en dotación de insumos. Y la insuficiencia de personal médico y paramédico cada día es mayor.
Esta situación no es fortuita ni gratuita. El Gobierno en sus más de doce años en el poder descuidó la ampliación, reparación, mejoramiento y la dotación de la red hospitalaria pública y de los centros ambulatorios de atención primaria existentes en el país. Incluso, desmejoró los incentivos laborales y salariales a médicos, enfermeros y otros profesionales de la salud al servicio del Estado.
Esto, para privilegiar todo un andamiaje asistencial paralelo como lo es Barrio Adentro, en sus diferentes etapas, el cual puso en manos de los cubanos. Si bien es cierto que esa red asistencial paralela en sus inicios logró darles a los venezolanos de menores recursos una esperanza, al producir la sensación de una atención personalizada cercana a sus viviendas, que resolvía problemas menores de salud.También es un hecho palpable que, en general, la red Barrio Adentro demostró ser un programa insostenible y va vía al fracaso abandonada incluso por los cubanos.
Enfrentado a este fracaso, el Ejecutivo Nacional quiso volver su mirada a los hospitales públicos. Pero, de nuevo atacó el problema del sistema de salud de manera equivocada. Centralizó la administración de muchos de los hospitales del país y a punta de billete quiso reparar la derruida infraestructura hospitalaria, pero ignoró la eficacia, eficiencia y transparencia en la ejecución de las obras.
El deterioro evidente del servicio público de salud obligó a que el sector privado supliera las necesidades de atención médica de la población. Pero, otra vez un pero, al sector salud privado también le cayó encima el látigo comunista.
Desde hace años, los centros médicos privados han venido siendo sometidos al control de precios, a la restricción de divisas para inversión tecnológica, al atosigue con inspecciones de todo tipo, así como la aplicación de leyes punitivas y penales para todo el sector salud, incluyendo clínicas y seguros privados.
Ahora, desde La Habana, un Hugo Chávez en reposo pero autorizado a seguir al mando, dio la orden de darle duro a las clínicas privadas y a las empresas de seguros. El aparato fiscalizador del Gobierno ya puso las manos en la masa.
¡Por la vida de los venezolanos, ojalá el sector privado de salud no termine como las tierras, las industrias, las casas de Bolsa, las constructoras, las cementeras y otros tantos que cayeron en el cerco de la fiscalización expoliadora de propiedades!
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