28/8/11

“En Venezuela, ¡Cáleta!”

La campaña publicitaria con la que el Gobierno pretende incrementar el turismo en el país estará a cargo de la televisora Euronews y será de amplitud mundial; fuera de toda duda, costará una mochila de billetes; uno no puede dejar de preguntarse ¿cuánto habrá pa´eso?

Pero “eso” es natural, tratándose de una gestión chavista; el problema radica en que la más sugestiva de las campañas publicitarias no puede neutralizar el desaliento ocasionado por la información sobre el país que, por ley, el operador debe proporcionarle al viajero potencial; los datos sobre Venezuela en un desplegable que cierta vez me dieron en una agencia extranjera, desanimarían hasta al turista más recalcitrantemente entusiasmado en visitarnos. Por si fuera poco, con acento burlón hacían notar al interesado que tuviera cuidado con las direcciones “porque en Venezuela todo se llama Bolívar: desde una placita de un pueblo perdido, hasta el mismo país”.

La alternativa es orientar la campaña por el principio de sinceridad y dirigirla al mercado constituido por los afectos a los turismos de terror y de aventura de altísimo riesgo: los que gozan sintiendo la emoción intensa del miedo extremo. Gracias a la gestión del Gobierno socialista la vida en Venezuela ya es en sí misma una pavorosa peripecia; esa circunstancia nos da la base para desarrollar el Turismo de aventuras aterradoras, cuyo lema sería la transparente frase puesta como título. A continuación aportamos algunas ideas.

Programa I: Escalofriante aventura social marginal-urbana

Traslado en autopullman hasta el pie del cerro seleccionado; en el trayecto, degustación de cocteles a base de ron, mientras se escucha una conferencia (con traducción simultánea) sobre los logros del socialismo dictada por un especialista cubano.

Paseo por el barrio; bajada de la mula gentilmente estimulada por un malandro de la zona debidamente armado con una pistola de alta potencia.
Conversación con la madre de la última víctima inocente de un intercambio de balazos entre pandilleros.

Opcional para turistas con intereses etológicos y ecológicos: Aproximación a uno de los vertederos de basura del barrio para observar el comportamiento de la rata urbana caraqueña y del típico niño caraqueño que tiene como espacio de juego el mismo muladar.

Opcional, si concurren las condiciones: Observación in situ del linchamiento por la comunidad de un azote de barrio. Posibilidad de participar en el acontecimiento.
Administración de primeros auxilios a cargo de la operadora.
Regreso al hotel “Alba”.

Programa II: Pavorosa aventura hospitalaria

De recibir el turista una herida más o menos grave, sea durante el discurrir del programa anterior, o debida al asalto de un delincuente por el simple hecho de andar de pendejo por la calle, tiene las opciones de (a) ser atendido, bajo su exclusiva responsabilidad, por un pseudo médico cubano de la misión “Barrio Adentro”; (b) por un mínimo pago adicional, hacer un emocionante recorrido por los centros asistenciales públicos de la ciudad tratando de lograr, inútilmente, atención facultativa; mientras se desangra, podrá escuchar los alaridos de otros lesionados que andan en lo mismo y vivir la estremecedora experiencia de ver cómo mueren por falta de equipos quirúrgicos y hasta de algodón y mercuriocromo; (c) acudir por su cuenta a una clínica privada.

De no haber seguido la opción “c” de la etapa anterior, traslado a la morgue de Bello Monte, donde el occiso turista correrá la fortuna de yacer con otras dos docenas de cadáveres resultantes de la violencia del día, tirado por ahí, en medio de tripas brotadas, sangre y demás purulencias.

Programa III: Aventura de terror carcelario

Traslado en autopullman desde el hotel “Alba” hasta la puerta de uno de los penales próximos a la capital.

Despedida de familiares y amigos; de ser el turista católico, confesión y recepción de la extremaunción.

Vejaciones preliminares por el personal encargado del ingreso al penal.
Ingreso a la celda, donde hay doce presos en un espacio previsto para cuatro.
Rendición de tributo al pran. Cancelación del Derecho de Supervivencia por una noche (aproximadamente unos 500 dólares) sin incluir protección contra violación, y bajada de la mula ante el líder de la celda para lograr un rincón donde dormir.
Por la noche, el turista disfrutará de una violación colectiva, con garantía de que los guardias harán caso omiso de sus lamentos; cuando más, lo amenazarán con unos planazos de continuar alterando el reposo de la prisión. Posible administración de los planazos de persistir el turista en sus gritos.

Por la mañana, disputa con un preso de malísima entraña y probada criminalidad que pretende arrebatarle el desayuno consistente en media arepa vieja y una sardina podrida, por lo que ha pagado una fortuna. Culminación de la diferencia mediante una excitante pelea a chuzo, en la cual el turista, inexperto en esas lides, inevitablemente resultará herido.

Traslado de mala gana a la enfermería del penal, donde no podrán curarlo por razones expuestas en el Programa II.

Hablando en serio, lo monstruoso del asunto es que hará cosa de diez años, publiqué un artículo prácticamente idéntico a este; hoy en día las condiciones aludidas en barrios, hospitales y cárceles son peores.
Y todavía pretende que votemos por él. ¡Qué bolas!

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