19/8/09

Entre viento y viento de guerra

Un pleito con el imperio duraría lo que dura un viento de guerra en un
chinchorro


El comandante en jefe, el único, luego de varios aguajes y amagos
televisivos, no fue que declaró la guerra, sino que se la declararon. Tanto
fastidio verbal tenía que volarle los tapones al imperio algún día. Tantos
años sirviendo de títere de Fidel, de muñequito de ventrílocuo de Castro,
explotaron la paciencia de los halcones y se inició la tan esperada
invasión. Los vientos de guerra que advertía mico-mandante presidente habían
llegado, aunque, por las habilidades bélicas demostradas por el ejército de
gordos de la revolución, llegaron más bien convertidos en flatulencias de
guerra.

Primer ataque del imperio.

Suspendida la compra de petróleo a la revolución castrobolivariana.

Efecto: las fuerzas comunistas quedaron hundidas en la miseria en menos de una semana. Detenidos todos los pagos de empleados públicos, incluso el de aquellos que de verdad trabajan. Mercal y otras
fuentes de corrupción socialista quedaron sin mercancía y sin el 20% de rigor. Desaparecieron los reales para comprar armas y menos para pagar las deudas viejas. Fidel Castro prometió pagar con jineteras, producto de fama internacional en la isla, algo de los 10 mil millones de dólares que le debe a los venaítos de Caracas, mientras que República Dominicana adelantó el
envío de caraotas negras, estimando su extrema utilidad en tiempos de guerra.

Segundo ataque.

Tres bombitas. Una en el Viaducto I. Otra en la Guatire-Guarenas. Otra en la Panamericana.

Efecto: ahora sí es verdad que Caracas es la sucursal del cielo. Burguesía y pobres, chavistas y
demócratas, cubanos e iraníes, todos juntos a disfrutar encerrados en las maravillas de laCaracas socialista de Jorge Rodríguez.

Tercer ataque.

Lluvia misilística sobre la represa de Guri.

Efecto: sin luz en toda la república socialista, incluso aquellas zonas donde el apagón es la norma. País en caos, como se ha visto otra veces sin estar en guerra, cero trabajo, cero transporte, cero bancos, cero cajeros automáticos, cero agua. Cero rutina. Paralizada la producción que quedaba, detenidas las importaciones, rubro clave para el proceso comunista. Es tan importante la importación para los comunistas bolivarianos que cuando llega un embarque de café lo transmiten en cadena nacional con himno nacional y todo. Ese es otro efecto perverso; sin luz no hay cadenas. Tampoco habrá Aló Presidente.

Cuarto ataque.

Toques misilísticos en campos petroleros estratégicos.

Efecto: se acabó el carburo. Nada de nada. Es todo lo que tenemos. No habrá ni para meterle algo a los maletas para Cristina. Ni para las vacaciones de Zelaya ni para las guarderías infantiles de Daniel Ortega ni para el whisky de Raúl Castro en Cuba. No más ambulancias para Evo, ni asfalto para Correa. Fin de la regaladera de plata. Fin de los amigos comprados.

¡Vientos de guerra! Esta gente sí que habla paja, paja socialista.

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