17/10/09

La angustia de Jorge Giordani

Un hombre decente traga grueso cuando toma decisiones en este gobierno, conoce las miserias del poder, lo obligan a permitir que otros mientan al país. Pierde la ingenuidad de los académicos y lo domina la angustia, el temor de que la construcción del socialismo sea otra frustración. No aguanta a los boliburgueses.

Giordani es sinceramente de izquierda, pero carece de la ingenuidad de los que daban la vida por una utopía hace cuarenta años. Giordani, un monje, habló de los Ferraris, no lo atrae el disfrute sensual del poder, no ha cambiado su forma de vida. Cuando habla de los que se enriquecen con los depósitos bancarios no se refiere a la oposición, al mencionar los huecos en las calles de su urbanización y citar a Barreto, Rodríguez y Bernal reconocía que la ineficiencia acaba con el socialismo, el capitalismo, el feudalismo, o con lo que sea.

Giordani conoce las razones de la prosperidad de Vietnam, China, o de los países escandinavos: una exigencia moral reforzada con el fusilamiento en los países asiáticos de los que meten la mano en los dineros públicos, una capacidad de trabajo y sobre todo la participación de un sector privado. Sabe que en estos diez años países del Tercer Mundo superaron la pobreza hasta volverse motores de la economía mundial. Media docena de ellos representa 40% del PIB planetario.

Según Le Monde, su poder económico se volverá político, como ya está ocurriendo con Brasil, que se aprovecha del candor de Chávez.

No hay ya ningún mundo unilateral, Chávez combate contra molinos de viento, la tesis de la diplomacia francesa a favor del multilateralismo se impuso. El antiamericano radical expresa un mundo de ayer, porque en el de hoy a América Latina le conviene vigilar a sus nuevos socios, chinos, rusos, iraníes, comprobar si le aportarán oportunidades como las que dio Estados Unidos a China, o a México.

¿Quiere el Gobierno que unos empresarios privados vuelvan realidad el desarrollo endógeno? Con un discurso para asustarlos, obligando a los constructores a subir los precios de las viviendas para protegerse contra la inflación, invadiendo fincas sin ton ni son no logrará que el sector privado aumente el empleo y reemplace las importaciones.

Los importadores hacen el negocio del año, las multinacionales fabrican o elaboran sus productos en Bogotá o en la India y los venden con excelentes ganancias en Venezuela.

Giordani sabe del enorme negocio que ha sido la especulación financiera, conoce a los boliburgueses.

No es un corrupto, en absoluto. Giordani tiene una fama bien ganada de asceta, de monje.

Las multinacionales del automóvil aceptarán un presupuesto de divisas, ensamblarán los carros que venderán con ganancias.

Igual harán otros empresarios y sobre todo falsos empresarios. Merentes les ha prometido a presidentes de multinacionales garantías de que el Gobierno les suministrará todo lo que necesiten.

Si estas maniobras oficiales buscaran el triunfo del socialismo, si se diera un paso atrás para dar después dos adelante, Giordani no estaría angustiado.

Giordani sabe la verdad y dio una noticia alarmante: ya se copó la capacidad de la generación hidroeléctrica, ¿qué mejor crítica a la indolencia, la imprevisión, de estos 10 años? Con razón Giordani habla entre líneas.

Fausto Maso
El Nacional

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