11/10/09

Los malos aliños de la oposición

¿Se habrá dado cuenta la llamada oposición organizada en torno a la llamada mesa de la unidad que el Presidente Chávez ya está en campaña con todos los hierros? ¿Se habrá dado cuenta que con ello pretende abortar de un solo golpe los peligros que significan las elecciones para Concejales, las elecciones para la Asamblea Nacional y el posible revocatorio que corre en las mentes de muchos opositores? ¿Se habrán dado cuenta los partidos tradicionales y los que se formaron después de la debacle partidista que las viejas maneras de hacer política nada tienen que ver en esta lucha asimétrica puesta en acto por el jefe del Estado? ¿Habrán entendido que lo que está en juego es la desaparición de nuestro sistema político apoyado en la democracia plural y no sus cálculos y ambiciones? Honestamente creo que no.

Viendo el panorama tal y como se presenta en la lectura de las encuestas y en la respuesta de los partidos, si es que lo que hacen se puede llamar respuesta, hay una franja de oscuridad tan grande que pareciera imposible que la llamada oposición organizada en torno a una presunta mesa de la unidad, pueda tener algún tipo de claridad. Apoyo esta afirmación en las reyertas internas que se vienen dando en la mesa y que nos conducen a la decepción; en las discusiones bizantinas totalmente fuera de lugar; en las dilaciones respecto a los temas de fondo como son los relativos a la ley electoral, al programa legislativo a proponer y a la integración y escogencia de los candidatos a concejales y a la Asamblea Nacional. En este sentido no hay ninguna duda que el gobierno leyó las encuestas y las leyó bien y que la oposición, a nivel de los partidos, si acaso ha comenzado a deletrear y muy mal por cierto, lo que ellas dicen.

En las filas de la oposición hay factores activos que vienen retardando con perversas intenciones los pasos que el sentido común indica, para poder librar una batalla democrática con alguna posibilidad de éxito. No cabe duda que factores como la incoherencia, la inercia, el desconcierto, sumados a la sobre estimación de los partidos que una vez fueron y ya no lo son, hacen imposible que la caída cierta y brutal de la imagen del hiperlíder y de su gobierno, pueda ser capitalizada por la llamada oposición.

La oposición tiene frente a sí a un enemigo demasiado poderoso como para darse el lujo de excluir a nadie. En este momento todos los actores de la vida nacional que hacen filas en la disidencia, hacen una falta sin fondo, incluidos aquellos que, habiendo apoyado el proceso, comienzan a entender que el mismo tomó un camino equivocado. La lucha que plantea el régimen es asimétrica y a fondo, razón por la cual se necesita de algo que llamaremos inteligencia activa y que consiste en pensar mucho, actuar rápido y convocar a los mejores hombres que tengan la capacidad de convencer a los escépticos, a los engañados, a los indiferentes y a todo el que tenga crisis de definición. Es la hora de abrir los ojos, de dejar en algún rincón las ambiciones personales y centrarse en un esfuerzo demasiado grande que hay que hacer para ver si salvamos la democracia tal como la entendemos: plural y libre.

El oficialismo, en cambio, leyó las encuestas y entendió que la primera acción era declarar abierta la campaña electoral y con ella abrir el abanico de las viejas promesas no importa si repetidamente incumplidas, reconocer errores y disponer un escenario más o menos creíble de sus mejores intenciones. Todo cuadra dentro de la inmensa capacidad de maniobra que tiene el gobierno y que la llamada dirigencia de la oposición, no tiene.

Si el gobierno tiene que soltar presos y hasta decretar una amnistía, lo hará, lo importante es permanecer en el poder, con todo el poder actual. Si tiene que detener, por los momentos, las arbitrarias invasiones y despojos de fincas y tierras, lo hará. Si tiene que acudir a la empresa privada para combatir el desempleo, la inflación, la ineficiencia, lo hará y, como si fuera poco, el oficialismo entendió que éste proceso electoral le sirve para lavarse la cara ante la comunidad internacional y recuperar los puntos perdidos, de allí la puesta en libertad de algunos presos políticos. .

Para el grupo que gobierna hay una sola cosa que no puede aceptar y es que la oposición lo derrote en las elecciones para la Asamblea Nacional, cosa que sería perfectamente factible siempre y cuando algunos partidos tuviesen a bien deponer la actitud de saboteo a la unidad que sus perversas costumbres impulsan, a lo cual contribuye la tozudez de muchos miembros de la sociedad civil que se niegan a sentarse a la misma mesa con actores disidentes del llamado chavismo, en una muestra de esa intolerancia que tanto se le critica al régimen.

Hay malos aliños en la línea opositora: negarse a discutir lo de la tarjeta única es un hecho de absoluta soberbia, no entrar a revisar el método de la escogencia de candidatos y dejarlo todo para última hora es además de un vulgar chantaje, una manera de descubrir la debilidad de organizaciones que quieren monopolizar el destino del voto, sin tener cómo, ni con qué. De seguir ese camino absurdo en momentos en que la unidad es absolutamente necesaria sin exclusiones de ningún tipo, tendremos que concluir que estamos ante una sociedad de partidos muertos y eso si es verdaderamente trágico.


EL PLATO

Me tocó pasar por Italia cuando se derrumbaron los grandes mitos políticos de ese país, como fueron la Democracia Cristiana y el Partido Comunista. Las razones fueron múltiples pero ninguna extraña a las que aquí se han dado para explicar la caída de los viejos partidos. En esa oportunidad mi antiguo compañero de estudios en la Academia de Sharoff, el actor Tonino Fattorini, tan comunista como Togliatti, me dijo, “cuando los partidos y sus dirigentes no actúan al lado del pueblo mueren”, idea que comparto plenamente. Renglón seguido me llevó a comer en una tratoria cercana a la vía delle Boteghe Oscure, una pierna de cordero al romero que me llenó de fe y de entusiasmo.

Precaliente el horno a 200º C mientras espolvorea con sal y pimienta tantas piernas de cordero lechal como comensales tenga, pínchelas para introducir ramitas de romero y llévelas al horno untadas de aceite de oliva. Introdúzcalas en una bandeja de horno junto con una cabeza de ajo machacada o cortada en gajos y déjelos cocinar por espacio de unos noventa minutos bañadas varias veces con una mezcla de vino blanco y agua. Acompañe esta delicia con una mezcla de cebollas y papas hechas en caldero en mantequilla de ajo y perejil mezcladas al final con un toque de mostaza. Cómala y sentirá correr la fuerza de la fe.

EL CONVITE

Sin desprendimiento y tolerancia, no hay unidad, ni en el cielo y menos aún en el infierno de la política y sin unidad tendremos olor a socialismo rancio. Señores de la oposición lean bien las encuestas y pisen tierra.

Rubén Osorio Canales

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