Venezuela se acerca rauda a la cancelación de un Proyecto que nunca quiso y cuyos costos no puede, ni quiere, asumir. Aleluya. Bienvenida la cordura.
Socialismo con fórceps
Venezuela se acerca rauda a la cancelación de un Proyecto que nunca quiso Y vaya fórceps! El año comenzó con el Rey Mago trayéndonos dos regalitos inolvidables: más e incontrolable inflación y una nación a oscuras. Del primer regalo todavía los venezolanos no han visto los efectos que inexorablemente han de tragar en los próximos meses; pero del segundo, la reacción de los caraqueños fue tan de universal condena que el Rey Mago, con el rabo entre las piernas, hubo de recular, raspar al pobre señor Ministro -muy "revolucionario" , según nos dijo al sacárselo de la manga- del que sólo conocimos pesares y recién echarle el carro a ese "buen soldado" que es Alí Rodríguez.
Hugo Chávez está en el disparadero que le jugó la historia: para su modelito de "socialismo rentista", que hasta ahora no parecía necesitar de fórceps alguno, ya no tiene la bola de billetes que lo hacía tragable. El primer socialismo de la historia que iba repartiendo real a diestra y siniestra llegó a una sequía que no es sólo de lluvia, sino de billetes, y de cerebros.
Históricamente el socialismo que conocimos -y mucha gente padeció- en el siglo XX llegó a consecuencia de guerras devastadoras. Ese fue el caso de la Rusia de 1917 y el de China de 1949: sólo la desolación y el hambre de guerras terribles y totales posibilitaron que receta tan amarga fuese aceptada por esas sociedades. El socialismo por fuerza fue una receta que tuvo que funcionar con el fusil y la tarjeta de racionamiento, y su gemela inexorable: el mercado negro.
Cuando Stalin hubo de aceptar que las "primeras tortas" del bolchevismo desembocaban, inexorables, en lo que se bautizó entonces como el "socialismo en un solo país" asumió la única ruta que parecía abrírsele: el terror como mecanismo de gobierno. Sería la tragedia de la invasión hitleriana a Rusia la que le abriría las puertas de algo totalmente inesperado: convertirse en una potencia mundial, con un asombroso aparato militar -y el correspondiente arsenal bélico- a su disposición. Esa realidad le hizo, ya tan temprano como en 1945, abandonar toda idea de lograr la perfecta "sociedad comunista" y optar por convertirse en una gran potencia sin reparar costos, con un régimen represivo como la historia no había conocido en tal dimensión.
A Juschof le debemos -con su impactante discurso en sesión secreta en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS- la desmitificació n, tanto del régimen como del papel histórico de Stalin. Serían, sin embargo, los terribles costos de mantener en un puño el Imperio que terminó construyendo lo que lo tornarían inviable a los 30 años de su muerte.
Jamás el socialismo pudo crear una sociedad próspera y, como dice Perry Link del mismo fenómeno en China, la gente rápido se daría cuenta de que era el "sistema", no su implementació n, no quienes lo gerenciaban, lo que venía con defecto de fábrica. Un "sueño" como el que predicaron no se puede diferir por siempre.
Y ahora tenemos a este copión. Dotado de una incapacidad gerencial que pasma y con un "acompañamiento" que mete miedo, este intento, fuera de lugar y fuera de tiempo, tiene garantizada la imposibilidad radical de tener éxito alguno. Es más, este "socialismo" , cargado de billetes y de cuentos chinos, sólo dejará una estela de destrucción y ruina que nos exigirá tiempo y dinero revertir.
Lo que sí nos asombra, lo confieso, es descubrir que la piedra que lo habrá de derribar será de carácter estrictamente técnico. la "economía" -burguesa o proletaria, lo mismo da- cobrará sus facturas, mientras el cambio climático, combinado con la necesidad que tiene el primer mundo de zafarse del petróleo, le negarán los churupos que este socialismo rentista necesita desesperadamente.
Lo mismo harán cables y turbinas. Técnica, pura técnica. Y entonces nada valdrán encuestas ni cuentos de camino, como lo hace presagiar el silencio estruendoso del chavismo por estos días.
Venezuela se acerca rauda a la cancelación de un Proyecto que nunca quiso y cuyos costos no puede, ni quiere, asumir. Aleluya. Bienvenida la cordura.
Socialismo con fórceps
Venezuela se acerca rauda a la cancelación de un Proyecto que nunca quiso Y vaya fórceps! El año comenzó con el Rey Mago trayéndonos dos regalitos inolvidables: más e incontrolable inflación y una nación a oscuras. Del primer regalo todavía los venezolanos no han visto los efectos que inexorablemente han de tragar en los próximos meses; pero del segundo, la reacción de los caraqueños fue tan de universal condena que el Rey Mago, con el rabo entre las piernas, hubo de recular, raspar al pobre señor Ministro -muy "revolucionario" , según nos dijo al sacárselo de la manga- del que sólo conocimos pesares y recién echarle el carro a ese "buen soldado" que es Alí Rodríguez.
Hugo Chávez está en el disparadero que le jugó la historia: para su modelito de "socialismo rentista", que hasta ahora no parecía necesitar de fórceps alguno, ya no tiene la bola de billetes que lo hacía tragable. El primer socialismo de la historia que iba repartiendo real a diestra y siniestra llegó a una sequía que no es sólo de lluvia, sino de billetes, y de cerebros.
Históricamente el socialismo que conocimos -y mucha gente padeció- en el siglo XX llegó a consecuencia de guerras devastadoras. Ese fue el caso de la Rusia de 1917 y el de China de 1949: sólo la desolación y el hambre de guerras terribles y totales posibilitaron que receta tan amarga fuese aceptada por esas sociedades. El socialismo por fuerza fue una receta que tuvo que funcionar con el fusil y la tarjeta de racionamiento, y su gemela inexorable: el mercado negro.
Cuando Stalin hubo de aceptar que las "primeras tortas" del bolchevismo desembocaban, inexorables, en lo que se bautizó entonces como el "socialismo en un solo país" asumió la única ruta que parecía abrírsele: el terror como mecanismo de gobierno. Sería la tragedia de la invasión hitleriana a Rusia la que le abriría las puertas de algo totalmente inesperado: convertirse en una potencia mundial, con un asombroso aparato militar -y el correspondiente arsenal bélico- a su disposición. Esa realidad le hizo, ya tan temprano como en 1945, abandonar toda idea de lograr la perfecta "sociedad comunista" y optar por convertirse en una gran potencia sin reparar costos, con un régimen represivo como la historia no había conocido en tal dimensión.
A Juschof le debemos -con su impactante discurso en sesión secreta en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS- la desmitificació n, tanto del régimen como del papel histórico de Stalin. Serían, sin embargo, los terribles costos de mantener en un puño el Imperio que terminó construyendo lo que lo tornarían inviable a los 30 años de su muerte.
Jamás el socialismo pudo crear una sociedad próspera y, como dice Perry Link del mismo fenómeno en China, la gente rápido se daría cuenta de que era el "sistema", no su implementació n, no quienes lo gerenciaban, lo que venía con defecto de fábrica. Un "sueño" como el que predicaron no se puede diferir por siempre.
Y ahora tenemos a este copión. Dotado de una incapacidad gerencial que pasma y con un "acompañamiento" que mete miedo, este intento, fuera de lugar y fuera de tiempo, tiene garantizada la imposibilidad radical de tener éxito alguno. Es más, este "socialismo" , cargado de billetes y de cuentos chinos, sólo dejará una estela de destrucción y ruina que nos exigirá tiempo y dinero revertir.
Lo que sí nos asombra, lo confieso, es descubrir que la piedra que lo habrá de derribar será de carácter estrictamente técnico. la "economía" -burguesa o proletaria, lo mismo da- cobrará sus facturas, mientras el cambio climático, combinado con la necesidad que tiene el primer mundo de zafarse del petróleo, le negarán los churupos que este socialismo rentista necesita desesperadamente.
Lo mismo harán cables y turbinas. Técnica, pura técnica. Y entonces nada valdrán encuestas ni cuentos de camino, como lo hace presagiar el silencio estruendoso del chavismo por estos días.
Venezuela se acerca rauda a la cancelación de un Proyecto que nunca quiso y cuyos costos no puede, ni quiere, asumir. Aleluya. Bienvenida la cordura.
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