16/12/10

Y el personaje, feo, agresivo y peliculero humilla a todo un país

El tiempo pasa implacable. Ya está encima el 5 de enero. Como es costumbre ya desde que Hugo Chávez llegó al poder, este diciembre llega otra vez cargado de pesares, amenazas y atropellos. Desde lo sucedido en Vargas cuando el personaje retó a la Naturaleza, diciembre es un mes funesto que no es peor porque la fecha ablanda el corazón y se respetan ciertas tradiciones contra viento y marea, que no es de ninguna manera una exageración porque al quehacer diabólico y psicopático que sufrimos, hay como una “pava” siniestra gravitando sobre Venezuela.
Ver a CIlia Flores hoy declarando y utilizando a los damnificados como lo hizo, es ya una señal de la obediencia servil que contamina y provoca la perversidad. A ellos, los damnificados que perdieron lo que tenían, que tienen “el corazón partido” y a quines nunca se les solucionó el problema de su miseria, a esos, sumidos en su propio dolor y asustados, es que se consulta sobre las leyes que otorgaran al dueño del país el poder absoluto y autoritario.
Es amoral la conducta del chavismo. Verlos regodearse en el poder que nunca soñaron tener, en el abuso de ese poder, en las mentiras, las manipulaciones y la inescrupulosidad es ya demasiado, este país no aguanta más, no puede… Se trata de luchar por mucho más que sobrevivir. ¿Qué será de los venezolanos decentes que hoy están acusados y condenados, además, por pensar distinto? ¿Qué Venezuela les queda con esta humillación constante aparte de la inseguridad que la acosa porque los prontuarios y la maldad tienen una impunidad que en esta anarquía, este analfabetismo político y esta degradación humana está en todas partes?
Y llegan los “socios” y traen colchas y papas al país rico en petróleo que les compra las conciencias con millones de dólares y regalos que dejan en la miseria a millones de venezolanos que hoy sufren las mismas calamidades por igual. Secuestran a una doctora que trabaja para los niños con cáncer, cobran cinco mil dólares. Señalan fuerzas de seguridad. Matan a un anciano de 90 años que ayudaba a su hijo sosteniendo la puerta de su portón. Roban un celular a una mujer y llaman a su familia pidiendo un rescate. Todo en una misma vecindad. Nadie se siente seguro en ninguna parte.
Una moto aterra. Los retrovisores del carro no alcanzan para satisfacer la angustia. El dinero no alcanza para llegar a fin de mes. Y Nicaragua recibe dólares, Cuba también. Argentina exporta y se denuncian comisiones y maletines llenos de los dólares que ningún venezolano podrá cambiar ni en su mínimo e imposible anhelo. Y el personaje, feo, agresivo y peliculero, cambia de uniforme, de gorra, recibe reverenciales saludos y coordinados aplausos, mientras con el corazón en la garganta la ignorancia espera que el todopoderoso la mire, que le hable, que la bese o la abrace. El mismo que permite que le maten un hijo, un esposo, un padre, o lo induce a ser pordiosero de su destino.
Hoy el show es de los damnificados. El gran espectáculo, el teatro de la embestida de la mente desquiciada, astuta. El capitalismo, el imperio, los apátridas y opositores, el mismo casette en el mismo cerebro. Es el momento de ejercer el duro oficio de ser venezolano. Falta menos para el 5.

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