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Las restricciones forzosas instituidas en las reformas de las leyes de Telecomunicación y de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos, subyugan nada menos que el derecho humano de hablar cuando y con quien quiera. El Gobierno en su empeño por amordazar a la opinión pública pretende retrotraernos a épocas en que el individuo carecía de recursos técnicos y económicos para comunicarse expeditamente con otras regiones. La cibernética no es cuestión de interés para los revolucionarios; si lo es reivindicar las hazañas insurrectas de Zamora como la arremetida contra las fincas productivas al sur del Lago de Maracaibo. - Ahora, bajo el eufemismo de servicio público, pretende coartarse la información por Internet. El Presidente se adjudica la potestad de juzgar cuál es, o no, un servicio público. Actúa como el inquisidor medieval que, además de reprimir la heterodoxia, calificaba la gravedad del pecado e imponía al pecador la condena adecuada. La ley, como asunto terrenal, no es aplicable al sumo quien en posesión de la única verdad ejerce el poder con hegemonía. El aura del inquisidor
también llegó a las universidades: "queda expresamente prohibido pensar. Todo lo que el estudiante necesita saber está reflejado en el nuevo socialismo eruditamente conducido por el comandante-presidente". - El régimen está empeñado en crear un mercado de irascibles que subestime sus propias capacidades: "no pienses que yo lo hago por ti". Si estuviésemos condenados por nuestra herencia ciertamente no hay mucho que hacer. Pero no es así. No podemos condescender con la consolidación de un sistema social cristalizado en manos de una algarada desbordada, sobre todo la ilustrada, que persiste en alimentar dudas e incertidumbres acerca de nuestras perspectivas humanas.
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¿A qué viene la urgencia de promulgar la nueva Ley Mordaza con su consecuente efecto de consternación popular? En dictaduras es forzoso crear técnicas comunicacionales que oculten la exacta dimensión de los conflictos porque el autócrata ve el mundo como un punto fijo, como algo dado, en nuestro caso el socialismo, al que debemos adaptarnos a modo de simple espectadores. De allí el registro absoluto de los medios y la refrendación en ristras de pasmosos armatostes leguleyos que induzcan a un tácito Código de Silencio. - Ese arquetipo de manipulación hilvanado por los cubanos hace hincapié en los elementos más sensibleros del hombre, pero cuidándose de revelar el daño que los desatinos gubernativos ocasionan en las relaciones sociales y estructuras orgánicas que apuntalan la economía. Mientras la República se desintegra, el Presidente ocupa horas diarias en radio y TV para departir sus milagros con el pueblo como por ejemplo el bombardeo de nubes para traer lluvias, si es que no está en la onda de magnificar sus hazañas infantiles, o de erudición para explicar los hábitos de apareamiento de los carnívoros.
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No se trata pues de culpar a la MUD, dirigentes de partidos políticos, o algún vecino que no sale de su morada. Es la República la que está en juego. No podemos caer en la trampa de ceder espacios ante tramoyas coligadas destinadas a aletargarnos so pretexto de instaurar una revolución bonita. Cada venezolano debe defender el ámbito de su predominio; de lo contrario, no podremos hacerlo dentro de pocos años. Las leyes confiscatorias, control de medios y propiedad privada, amenazas al sistema financiero, entre otras disposiciones punitivas, no son asuntos de disputa ideológica en concierto con los prototipos republicanos. El engranaje oficial apresura sus códigos restrictivos para que borremos de nuestra psiquis los hábitos democráticos ancestrales y nos eduquemos para consentir el absolutismo rústico al estilo Mugabe. ¿Entonces?
12/1/11
Inquisición con mutismo...
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