19/7/11

Heroísmo de utilería


A 200 años de la independencia, Venezuela mira atónita cómo el llamado “socialismo del siglo XXI” se ha convertido en una fábrica de héroes al revés. Los transgénero que salen de los hornos de la revolución no tienen nada que ver con lo que conocíamos como héroes. Ni siquiera puede decirse que son una caricatura de aquellos, tanto civiles como militares, quienes fueron construyendo la patria libre, trabajadora y sana que resultó de tanto conflicto, tanto riesgo y tanta sangre. Rebajaríamos el artístico y habilidoso concepto de caricatura. Ahora los héroes son de utilería, no sólo falsos, de ocasión, desechables, con la ética de adorno, la moral acomodaticia y el coraje de quita y pon, sino que representan exactamente cada uno de los antivalores que nos enseñaron a rechazar y superar. Son los antihéroes. El gobierno, una fábrica de ellos en constante y degradante actividad.
Si antes el valor era la independencia ahora tenemos que conformarnos con el “acto de heroísmo” de entregar la patria y todos sus trastos al extranjero. Y ni siquiera al mejor postor, sino al más malandro, al que nos despoje con mayor desparpajo. Si antes el valor era formar ciudadanos respetuosos, solidarios, amantes de la paz y del progreso, ahora el acto heroico es competir por el primer puesto en el ranking de los más pendencieros, más destructores, más y mejor armados y con mayor cantidad de odio en la botija. Si antes el corrupto era estigmatizado y castigado, ahora su conducta delictiva es la que observa la plantilla gubernamental, con “criterios” e interpretaciones jurídicas que sirven a su justificación y consolidación. Si antes ser un buen presidente era gobernar para las mayorías, ahora lo es si discrimina, aparta y excluye. Si antes decir la verdad era lo esperado, ahora el engaño, la mentira y el fraude son políticas de Estado. Si antes la compasión y la sensibilidad calificaban a un gobernante bueno, ahora debe ser cruel, indolente y desprendido del sufrimiento de sus compatriotas.
En esta línea de realidades es obvio que se perfilan los héroes al revés. Chávez es un héroe porque manipula con una -a estas alturas todavía supuesta- enfermedad, gobierna desde otro país y maneja los dineros públicos con el chasquear de sus dedos. Mientras más tirano y vergonzoso es un mandante, más cercano es al nuestro, mejor modelo y más apto para conocer secretos y merecer la ayuda del gobierno venezolano. Héroe es el funcionario incapaz porque, con su cabeza en el yunque, sirve de escudo que exculpa al jefe que lo designa y mantiene. Héroe es el militarote abusivo, gorilón setentoso que aún no ha escuchado hablar de derechos humanos ni tribunales penales fuera del alcance de los domésticos. Como si fuera poco, “hermano del alma” es el dictador ajeno que oprime y arruina a su pueblo.
Héroe el pran que “se escapa” pasando cinco puntos de custodia y burlando la presencia de miles de efectivos. Héroe alterno es el jerarca del régimen que se paseaba, radio en mano, dirigiendo un operativo tan bochornoso como permisivo. Héroe el policía degenerado y antihéroe el comisario digno que paga por delitos sembrados. Héroe el que roba dos colores a la industria petrolera y heroína la mujer de Humala, la misma que se prestó a infectar nuestra salud pública de “médicos” cubanos que defenestraron a los nuestros. Héroe el ministro que no manda y el general que se degradó en tropa de asalto. Héroe el presidente que se encoge de hombros porque de él será el reino de los que no se enteran. Héroe el silencio cómplice.-

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