Nunca antes, desde los tiempos de Boves, había existido en el país
tanta anarquía e injusticia. Hoy un grupo de tumultuarios agitadores
hablan de la justicia de “La Revolución” que nunca ha sido justicia y
que por el contrario la historia nos muestra que ha terminado
cometiendo las peores atrocidades contra el pueblo.
El hecho es que en Venezuela no hay Estado de Derecho y como diría mi
amigo el doctor Herman Escarrá, estamos perdiendo la República. Y no
puede haberlo porque la oposición le pareció una tontería cuando el
Presidente Chávez en el año 99 le recordó a la Corte Suprema de
Justicia presidida por Cecilia Sosa, la exclusividad presidencial en
la conducción del Estado. En palabras más o menos, le dijo: “EL Estado
soy yo”. Este principio no está consagrado en la Constitución de 1999.
Difícilmente se encontrará en el mundo tal estado de barbarie como hoy
impera en Venezuela. Digo todo esto para alertar al país de que
existen en Venezuela graves violaciones a los derechos políticos y
humanos. En Venezuela lo que hay en este momento es una gran arrechera
nacional. Y ese sentimiento está sembrando unos atavismos de violencia
a los cuales está atizonando tanto la oposición como el chavismo. Ese
sentimiento latente de estallido está ahí, esperando a que alguien lo
jurungue y efectivamente lo está jurungando.
No existe salida en Venezuela sino una Asamblea Nacional
Constituyente, que tiene el poder de destituir todo este Estado
corrompido que hoy tenemos. De qué sirve ganar gobernaciones y
alcaldías, con un TSJ que cuando le salga de las vísceras puede
atender un llamado de la Fiscalía y enjuiciar y destituir a esas
autoridades. Están ofuscados hasta el extremo del asco quienes creen
que con esta Contraloría, con esta Defensoría del Pueblo, con esta
Asamblea, con esta Fiscal las cosas serán distintas por el solo hecho
de ganar gobernaciones o el año que viene conseguir algunos escaños en
el Congreso. No es así.
Sólo una Asamblea Nacional Constituyente prevista en la Constitución
puede ordenar el Estado destituyendo a todas las autoridades, incluso
el propio Presidente, con recoger firmas convocarla y después ir a
elecciones.
Les he escrito como un desahogo para expresar las angustias que llevó
por dentro. Alguien me contestó cuando le consulté sobre esta Carta
“deja hablar la angustia que llevas por dentro” Eso hago. Dejo hablar
la angustia. Mañana nadie me podrá decir que callé.
En este momento de gran confusión nacional, estoy en la obligación de
repetir y ratificar mi firme convicción, que espero sea respaldada por
todos los venezolanos de autenticas convicciones democráticas, que la
única vía real y pacifica para salir de la crisis es una Asamblea
Constituyente, que no se origina por la derogación del orden
constitucional producto de un hecho de fuerza, sino que es una acto
democrático, que puede incluso en tres meses nombrar un nuevo Estado,
Presidente incluido.
Habrá ocasión en los días siguiente para dar a conocer mis puntos de
vista sobre el contenido y objetivo de una Asamblea a ser debatida y
aprobada, pero debo referirme a algunos de ellos, que son materia de
debate público: Reelección presidencial: acortarlo a 4 años, con un
referéndum ratificatorio o revocatorio del mandato al final del tercer
año. Eliminar la reelección. Nuestra experiencia histórica demuestra
que los ex-presidentes han sido siempre un factor de perturbación y
que su repetición en la presidencia ha sido en la mayoría de los
casos, catastrófica. Y como punto innegociable que se eleve a rango
constitucional un fondo petrolero de desarrollo tal como lo propuso el
general Raúl Isaías Baduel
Estoy preso físicamente, pero libre y hasta aquí detrás de estos
barrotes escucho el ánimo del pueblo. Hay que desafiar a este que es
el gobierno más corrupto, inmoral, pervertido, ineficiente y bandido
que jamás hemos tenido. Me despido de ustedes con un abrazo. Y me
despido de quienes me tienen secuestrado como los Gladiadores Romanos
cuando iban a la arena: “Salve César, los que van a morir en la arena
te saludan”
LEOCENIS GARCIA
11 de agosto de 2009desde la cárcel de Tocuyito
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