17/8/09

Los guerreros de Hugo Chávez

La Venezuela de Chávez tiene una frontera que no figura en los mapas. Estamos en el 23 de Enero, el bastión revolucionario de la capital, a pocos minutos del presidencial Palacio de Miraflores. “Aquí manda La Piedrita y el Gobierno obedece. La guerra de guerrillas, base de la lucha de un pueblo”.



Grafitis, carteles y propaganda electoral del pasado referéndum de febrero dan la rebelde bienvenida y demarcan su territorio. A la Policía no le gusta entrar en el 23. Aquí reinan las milicias urbanas populares, como se autodenominan los diversos grupos ultras, incluida La Piedrita. Son el brazo armado del chavismo, su músculo más radical.

Para algunos, son guerrilleros. Para otros, terroristas. En la Venezuela de hoy, el país de las exageraciones, amores y odios no entienden ni de medias tintas ni de equidistancias. Armados hasta los dientes, con total impunidad y financiados por distintos tentáculos del oficialismo, el brazo paramilitar del chavismo no ha dejado de robustecerse durante los 10 años y medio de gobierno de Hugo Chávez.

Ellos mismos luchan contra el hampa, que desangra Caracas en los barrios más populares. Un hampa que no descansa los fines de semana, con medias de 30, 40, incluso 60 homicidios en la capital, como ocurrió durante el referéndum del 15-F pese a la presencia del Ejército en las calles.

El grupo de La Piedrita se ha hecho famoso en los últimos años. Aprovechando las elecciones municipales y regionales de finales de 2008 y el plebiscito constitucional de este año se han lanzado a una campaña de acciones violentas contra todo lo que huela a oposición: universitarios, Arzobispado, periodistas, canales de televisión… Pero los muchachos del díscolo Valentín Santana (“el 23 de Enero es el segundo territorio liberado de América, tras Cuba”) no son, ni mucho menos, el único colectivo ultra.

Hay otros, más o menos violentos, más o menos conocidos: los carapaicas, siempre prestos a intervenir, con el adiestramiento militar de mayor nivel; el Frente de Resistencia Popular Tupamaro, los más ideológicos, dedicados a proteger su comunidad; Los Alexis Vive, con una intensa acción social, pero empeñados en la toma violenta de la Universidad pública… Y los chirinos, los montaraz… Cada uno de ellos cuenta con distintos padrinos dentro del régimen.

Los financian

Fusiles de asalto, pistolas, granadas, vehículos militares, libertad de movimientos, impunidad, inyecciones de dinero… ¿Quién está detrás de los ultras de Chávez? El traspaso de poderes de la administración municipal de Caracas, neutralizado posteriormente por la acción del Gobierno chavista, puso al descubierto algo que era vox pópuli, pero de difícil comprobación documental: los distintos tentáculos del oficialismo abastecen, subvencionan y patrocinan a los grupos radicales.

“La corrupción se ha institucionalizado para atar a los seguidores radicales del chavismo”, denuncia Óscar Pérez, mano derecha del opositor Antonio Ledezma, alcalde mayor de Caracas. “Han utilizado el terror para amedrentar a la oposición”.

Al menos 7,700 personas contratadas por el anterior alcalde, el chavista Juan Barreto, cobraban un sueldo sin desempeñar trabajos reconocidos, por un montante anual de 117 millones de bolívares fuertes (más de 60 millones de dólares al cambio oficial). En este listado se han identificado a 15 integrantes del colectivo Alexis Vive y a dos líderes de los guerreros de la Vega. Y se trata sólo de la punta del iceberg.

Un iceberg que será difícil de descubrir. Chávez ha paralizado la administración municipal de Caracas, desposeyendo de sedes, fondos y competencias al alcalde Ledezma. Poco importa que el líder opositor ganara las elecciones del año pasado. Chávez decidió neutralizarlo nombrando de dedo una especie de jefe de Gobierno de Caracas. Ledezma se ha transformado en un símbolo de la resistencia antichavista. Incluso recurrió a la huelga de hambre para clamar por los derechos de su ciudad.

Una de las intenciones de Ledezma era fortalecer una Comisión de la Verdad independiente, que estudiara toda la documentación para determinar las acciones judiciales a seguir contra la administración que le precedió. Papeles entre los que surgen más sorpresas. Como un documento al que ha tenido acceso LA PRENSA.

Está dirigido al anterior director de Recursos Humanos, con fecha de 19 de febrero de 2008. “Por medio de la presenta reciba usted un fraternal saludo socialista, revolucionario y bolivariano, el motivo de la misma es solicitar ante usted la inclusión en mi nómina a partir de enero de los egresados en lista anexa ya que se le hizo una limpieza a la lista anterior y excluimos de la misma a las personas que están en contra del proceso y se sustituyeron por otras que están con el proceso revolucionario, todo esto autorizado por el Alcalde Mayor Juan Barreto. Atentamente, Richard Peñalver, asesor del despacho del Alcalde”.

Richard Peñalver es un nombre maldito para los antichavistas, a muchos se les estremece el ánimo tras escuchar su nombre. Es el protagonista de uno de los capítulos más sangrientos de la reciente historia venezolana. Actual concejal del Partido Socialista Unificado de Venezuela, fue acusado de ser uno de los francotiradores que disparó desde el Puente Llaguno contra la manifestación de la oposición que se dirigía a Miraflores el fatídico 11 de abril de 2002. Aquel día murieron 14 personas y fueron heridas 110. Una grabación del canal Venevisión le situaba en medio de la acción, disparando, con saña. Fue juzgado y resultó absuelto.

Peñalver tenía en su nómina a varias personas, entre ellas uno de los miembros destacados de la Esquina Caliente, el grupo violento de motorizados que se ha desgajado de La Piedrita.

Lina Ron

Estos motorizados suelen acompañar a Lina Ron, la otra líder radical del chavismo, que ha vuelto a ser noticia estos días tras el ataque perpetrado a la emisora opositora Globovisión, amenazada de cierre por el Gobierno. Decenas de motorizados, con Ron a la cabeza, neutralizaron con armas de fuego a los vigilantes y lanzaron bombas lacrimógenas al interior. El asalto fue grabado por las cámaras de seguridad, lo que obligó a la Fiscalía a ordenar la detención de la dirigente de la Unidad Popular Venezolana (UPV).

Ron es una veterana dirigente, que encabezó los círculos bolivarianos y con peso propio entre las huestes del oficialismo radical. Tanto que participó en la presentación de la campaña del Sí sentada junto a su coordinador general, Jorge Rodríguez. Para que no quedara ninguna duda de su poder, acompañó al ministro Jesse Chacón a una importante reunión en el Consejo Nacional Electoral días después.

“Lina Ron, y a través de ella Diosdado Cabello (ministro y uno de los delfines de Chávez), han ayudado a La Piedrita”, sostiene Lisandro Pérez, Mao, líder civil del 23 de Enero y veterano revolucionario. “El Presidente está en la obligación de acabar con los violentos, no ayudan a la Revolución”.

La detención de Ron es algo inusual, porque los ultras de Chávez se suelen mover en la impunidad. Tras atacar una concentración de los universitarios que pedían el No en el pasado referéndum y realizar varios disparos, 10 milicianos de La Piedrita fueron detenidos por la Policía de Chacao, municipio opositor. Los agentes decomisaron dos armas y cinco motocicletas y se encontraron con la sorpresa de que los vehículos pertenecían a la Alcaldía Mayor chavista. Un juez puso en libertad inmediatamente a los ultras y les devolvió sus vehículos.

El que todavía está esperando el “perdón” de los jueces es el nuevo secretario de Cultura. Víctor Carrillo fue retenido y esposado por milicianos de la Esquina Caliente en su propia sede, cuando intentaba despachar los primeros asuntos de su puesto. Al principio, amenazaron con hacerle un juicio popular. Después se conformaron con entregarle a la Policía y a un juez.

Fue acusado de alteración de orden público y resistencia a la autoridad. Carrillo había cometido un error grave: se le olvidó leer la prensa.

Y es que el director general de la Policía de Caracas ya lo había advertido a todo el que le quisiera escuchar: “Protegeremos a los invasores de las instalaciones de la Alcaldía”.

Tras la frontera fantasma en el corazón de Caracas todo sigue igual, ajenos a comisiones de la verdad o investigaciones judiciales. Para viajar a las tripas del chavismo radical es necesario contar con distintos salvoconductos, los conceden los propios milicianos, que conocen al detalle los pasos de los reporteros en su selva urbana.

También es importante obtener el visto bueno de Lisandro Pérez, Mao, jefe civil del barrio. “Yo también fui encapuchado”, le gusta contar a Mao mientras bebe café en su centro de operaciones del 23, flanqueado por retratos de Chávez y del “otro Mao, el chino”. La llegada de dos colombianos a la sede de Mao para solicitar permiso de residencia cambia su semblante.

Varios de sus hombres rodean a los emigrantes. Mao empuña unas esposas mientras les interroga. “¿Sois paracos (paramilitares colombianos), sois paracos, verdad? Aquí a los paracos los fusilamos”, les grita Mao. Los aterrorizados jóvenes son obligados a desnudarse, en búsqueda de tatuajes o heridas de guerra. Nada por ningún lado. Finalmente les despiden con otra advertencia: “No olviden, esto es el 23”.

A los colectivos del 23 se les han unido grupos aún más peligrosos. Son pequeñas bandas, anárquicas, también armadas y motorizadas, que se mueven al otro lado de la ley, capaces de actuar contra los enemigos de la Revolución a cambio de distintas retribuciones.

Muchos de ellos proceden de los antiguos círculos bolivarianos, un fracasado intento de Chávez de organizar una red paralela, calcada de los Comités de Defensa de la Revolución cubana, los famosos CDR. Una de estas bandas se hace llamar el grupo social de Terry. Nada que ver con los Terrys de los Monthy Python. No producen risa. Dan miedo.

Este grupo de motorizados, dotado con una pequeña artillería, se declara afecto al oficialismo de forma abierta. “Somos unos regenerados”, se definen con cierta sorna. O sea, ex delincuentes que ya cumplieron con su condena. “Ahora luchamos contra los malandros (antisociales), actuamos como grupo de exterminio”, sentencia el jefe de la banda, el que da nombre al grupo.

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