
El 2 de abril de 1819, con 154 llaneros, José Antonio Páez atravesó el Arauca en busca de las tropas realistas, y dejándose perseguir un trecho, dio la orden de “vuelvan caras” y aprovechó el desconcierto de los realistas para vencerlos. El Presidente se empeña en desprestigiar su imagen. Historiadores resaltan su figura.
Carta de Páez a Chávez
En una misiva imaginaria el Tcnel. (GN) Jesús González Cazorla defiende el papel del “Centauro de Los Llanos”.
Estimado Huguito:
Es un placer dirigirme a tí en la oportunidad de aclararte algunas situaciones que al parecer fueron las que te obligaron a pensar en retirar mis restos del Panteón Nacional, donde descansan en sana paz desde el 19 de abril de 1888. Hugo, quiero saber por qué me echas esa broma a mí, tu paisano, recuerdote que nací en Curpa, provincia de Barinas (que algún divisionista convirtió en Portuguesa), el 13 de junio de 1790. Yo, al igual que tú, era un pata en el suelo, hasta analfabeta, porque no tuvimos ni el Acude de la cuarta ni mucho menos tu Misión Robinson, pero lo que si puedes tener por seguro es que fui un verdadero patriota, que amaba a mi país, que luchó por la libertad de los venezolanos, por deshacernos del yugo de esos españoles que nos maltrataban y explotaban.
Yo, Hugo, no entré en ninguna escuela militar para que me dieran el comando de un batallón de paracaidistas como a tí. Yo tuve que convencer a campesinos, vegueros y cuanto bicho de uña se me presentaba para que formaran parte de mi ejército. Luego tuve que parir recursos para vestirlos, armarlos y darle bastimentos para que fueran a dar la vida por la Patria.
Créeme, yo hacía eso por iniciativa propia, ni conocía a Bolívar. Fue el 30 de enero de 1818, en el Hato Cañafistola, cuando, por fin, lo conocí. Él venía de Angostura, ejecutando la Campaña del Centro, y nos pusimos de acuerdo para la prosecución de las operaciones contra el ejército del general realista Pablo Morillo, que nos cargaba azotaos, y debo confesarte que prácticamente tuve que echarle pichón yo solo, incrementando mi ejército y ganándome los méritos y el concepto de El Libertador, con quien nuevamente me reuní el 28 de abril de 1821 para iniciar los preparativos de la Campaña de Carabobo. Me tocó a mi echarle pichón para incrementar mi ejército y salir de Achaguas el 10 de mayo, y a caballo (no en aviones y helicópteros VIP, como tú viajas) para incorporarme en San Carlos al Ejército Libertador.
Por fin, el 24 de junio del mismo año libramos la Batalla de Carabobo, y debe ser que como yo tenía fama de bravo, me pusieron al mando de la primera división, o sea, la que puso el pecho, conmigo al frente. Yo no me metí en museo militar alguno ni nada por el estilo para mandar a mis lanceros… Ah, después que ya yo había vuelto leña a los realistas fue que mandaron a la segunda, dirigida por el general Manuel Cedeño, pero sólo fue para que los rematara.
Así que Hugo, la batalla la gané fui yo y la mejor prueba de ello fue que en ese mismo campo de batalla Bolívar me ascendió a General en Jefe, o sea, que esa independencia que tú celebras y que disfrutas hoy, me la debes a mí, quien fue el que se quemó el pecho peleando y arriesgó el pellejo ¿Y tú no crees que esos son suficientes méritos para estar en el panteón? No seas mal agradecido…
Bueno Comandante, yo entiendo que a Bolívar, como lo derrotaron en Venezuela, tuvo que huir a Colombia, y entiendo que los colombianos lo querían mucho ya que les dirigió su independencia, y que desde ahí mismo mandó a Sucre a liberar a Ecuador, a Perú, a Bolivia, pero de eso a querer hacernos a todos colombianos, pues, no se lo podíamos permitir, ¿Por qué no hizo la Gran Venezuela en vez de la Gran Colombia? Ah no, no sé que pepera tenía Bolívar con ellos, porque nos quería imponer esa Gran Colombia, ah, y fíjate que hasta el Vicepresidente era el colombiano Santander, no, que va, no nos la calamos, así que iniciamos en abril de 1826 “La Cosiata”, y rompimos relaciones con el gobierno de Bogotá, mas no con Bolívar, y planteamos la separación de Venezuela de la Gran Colombia. Sin embargo, no nos separamos, y disciplinadamente obedecí a Bolívar cuando regresó del Perú y asumió en Bogotá la Presidencia de la República, pero no, aquí los venezolanos no nos convencíamos, nos negábamos a ser colombianos y sin enfrentarme abiertamente a El Libertador tuvimos que desconocer la autoridad de los órganos de Bogotá y consumar la separación de Venezuela de la Gran Colombia a mediados del 27. O sea Hugo, que si yo no hubiera hecho eso, hoy no hubiera Venezuela, hoy tú fueras colombiano y lo peor, tú no fueras Presidente, sino un caliche más.
Entonces reconócelo, me debes el país y tu Presidencia a mí, entonces, ¿por qué me echas esa broma? Mal agradecido. Otra cosa que tú me debes Hugo, es la democracia, porque yo no era profesional universitario, pero leía mucho y conocía lo que se hacía en otros países para gobernarlos, me dejaba asesorar y así, el 24 de marzo de 1831, fui electo primer Presidente Constitucional de Venezuela y con mas porcentaje que tú, por 136 votos de los 158 sufragantes surgidos de las asambleas electorales. En este primer gobierno, me tocó organizar el Estado con medidas administrativas en materia de impuestos, inmigración, liberalizació n del crédito, educación, orden público, y asuntos internacionales.
Me tocó difícil, hasta me tocó enfrentarme al Arzobispo de Caracas, nuestro paisano Ramón Ignacio Méndez, y enfrentar el alzamiento de los generales José Tadeo y José Gregorio Monagas (el primero con el pretexto loco de restituir la Gran Colombia y el otro con la locura de la autonomía de un Estado Oriental), pues, y no tuve que meterlos presos, ni matarlos, ni nada de eso, pude conciliar con ellos y resolver el problema. Pues como yo no tenía control del CNE, ni del TSJ y mucho menos de la Asamblea Nacional, no pude reelegirme, y así en 1835 tuve que entregar el poder a José María Vargas, como lo hace un demócrata, y no me quise perpetuar en el como al parecer tú quieres hacerlo.
En 1838 fui legalmente electo para una segunda presidencia que asumí el 1 de febrero de 1839 y me ocupé de la educación, el crédito exterior, y el mono de deuda pública contraída por la antigua República de Colombia, y para que no creas esa paja que te han dicho de que yo era enemigo de Bolívar, es bueno que sepas que fui yo quien comencé a solicitarle a Colombia la posibilidad de retornar los restos mortales de El Libertador y ponerlos en el Panteón del cual me quieres sacar.
Así, sin chimbear resultados, ni infectar el REP, en enero de 1843 entregué la presidencia de la república al general Carlos Soublette, eso como una demostración de que era un verdadero demócrata y que no tenía ni tuve odios contra nuestro Libertador, sólo diferencias. Ahora, tú no eres quien para quitarme lo bailao, para despojarme de mi lugar en la historia, y fíjate que el 13 de julio de 1867, el Gobierno de Venezuela me expidió el título que me acreditaba como “Ilustre Prócer de la Independencia Suramericana” .
Ahora Hugo, no se por qué tú me acusas de oligarca, de corrupto, de que me aproveché de los dineros públicos, de veras que eres un difamador. ¿Qué pretendías tú?, que luego de todo lo que luché en mi vida, de ser General en Jefe, presidente de este país por tres períodos, de darle realmente la independencia a los venezolanos y hasta luchar en la federación, ¿pretendías que después de todo eso muriera arruinado como un perro en la calle? Pues, tienes que entender que aquí hubo haberes militares y que se nos permitió a todos los que nos jodimos en guerra desarrollar una pequeña fortuna. Tú y tu familia es el mejor ejemplo…
¿No has visto como viven ahora todos los que salieron de allá, de tu humilde casita de la avenida Carabobo de Barinas?, ¿no les has visto las prendas de oro en sus manos y pies, en los carros que andan, en las casas que viven, como se visten?
Hugo, y vete tu mismo, el súper avión que te comprastes, los helicópteros VIP que encargaste, tus relojes, tus gastos en trajes y zapatos multimillonarios, los viajes y lujosos hoteles donde llegas. Ves que eso es muy bueno, pues, no chico, lo que es bueno pa’l pavo es bueno pa’la pava. Además, ¿que fortuna? Es que acaso tú ves que los Páez son los oligarcas de Venezuela, no, los Páez están pelando, así como tú tienes a la gran mayoría de los venezolanos y eso porque no les dejé real. Así que no seas injusto.
Mira cámara, no seas tampoco mal agradecido, no te perdono que tus jala mecates hayan blasfemado el sitio donde reposaba la casa de mi mujer Dominga Ortiz de Páez allá en la Calle Bolívar de la ciudad de Barinas, lugar donde construyeron una plaza con mi nombre y fue elegido mi busto, obra de un artista paisano tuyo. Pues, tus vándalos seguidores, esos ignorantes de este país, quienes hambreados son los únicos que te pueden seguir, dañaron el busto y pintaron mi cara en azul y también quitaron todo el adorno de luces navideñas que había sido colocado en la misma, dejando a todos los vecinos del sector sin Navidad, por tus ridiculeces.
Fue la única plaza en la ciudad a la cual no se adornó y lo más ridículo fue que ahora van a cambiarle el nombre a todo lo que te recuerde a mí, cuando la historia de Barinas es mi historia. Recuerda, el que escupe hacia arriba le cae la saliva. No sigas sembrando odios, pariente, tú vas a salir de esa presidencia algún día, porque el poder es efímero, no te creas que vas a ser el nuevo Fidel de América, Venezuela no es una isla y a tí no te quiere la mayoría de los venezolanos.
Fíjate en mi, como después de todo lo que hice, algunos malagradecidos me metieron preso, me sacaron del país tres veces y tuve que ir a morir el 6 de mayo de 1873 en el olvido, lejos de la patria, en Nueva York, allá en eso que tú llamas el imperio, en los Estados Unidos. Cónchale chamo y el país gastó un dineral para repatriar mis restos y sepultarlos en el Panteón Nacional, para que, por una puntada de rabo, tú vengas a querer borrar casi 200 años de historia. No jile. Finalmente te recomiendo que “no le hagas a nadie lo que no te gustaría que te hagan a tí” porque vas a terminar peor que tu pana Husseín. ¡Caracha, negro!
José Antonio Páez
Guillermo Morón
“Para ese entonces los Estados Unidos no eran un imperio”
“Páez fue heroico. En 1818 ya había liberado Los Llanos, principalmente los de Apure. Formó un ejercito de tres mil hombres a caballo. Cuando Bolívar fue derrotado se da cuenta que Páez era clave para el proceso de la guerra y le pide que se entrevisten y Páez lo recibe en el acto de Cañafístula, en Apure. Llegó El Libertador con un pequeño acompañamiento y se encontró a aquel hombre con un Ejército entero, pero Páez no tenía ni la formación social ni la inteligencia de Bolívar, y reconoció en aquel acto la superioridad de Bolívar y lo aceptó como jefe para proseguir el proceso de la guerra, ¿qué ocurre? Se produce la Batalla de Carabobo en 1821. Bolívar es el táctico, pero es José Antonio Páez quien gana la batalla y por eso Bolívar le escribe al Presidente del Congreso informándole sobre el triunfo y destaca la participación de Páez, dándole el título de General en Jefe, es decir, Bolívar reconoció en Páez a un hombre fundamental de la Independencia.
Pero ya para 1826 cuando el poder se concentra en Bogotá y El Libertador se convierte en el presidente-dictador de Colombia, le entró la molestia a Páez. Y la gente de Caracas le molesta a Santander. En 1827 Bolívar reconoce a Páez como jefe supremo del departamento de Venezuela y viene el deterioro de su salud. Páez se separa de Colombia en 1830 y funda la República de Venezuela. Es falso lo que dice Chávez de que Páez murió muy rico en Nueva York, murió tan pobre que Argentina y Perú le tuvieron que dar auxilios económicos. Los haberes militares de Páez fueron adquiridos por una ley firmada por El Libertador, no es verdad que Páez se robó tierras ni dinero del Estado, ni tampoco respondía a los intereses del Imperio, porque para ese entonces no se puede hablar de la existencia del imperio. Además, él era un hombre de campo. Antes de 1818 ya tenía tierras. Que Chávez quiera despojar del Panteón sus restos es una violación histórica. Él es la figura más importante que ha tenido el país en toda su historia”.
Miembro de número de la academia nacional de la historia
Eduardo Hernández Cartens
“Aquí el verdadero traidor es el Presidente”
“Sin el brazo armado de Páez, El Libertador no hubiese podido realizar sus sueños de independencia para Venezuela. Páez nunca fue traidor, él fue consecuente con el sentimiento venezolano, porque después de 13 años de guerra los venezolanos sentíamos que dependíamos de Bogotá. La Gran Colombia fue un nuevo coloniaje después de independizarnos de España. Sentíamos que éramos colonia de otro país, ya que desde Bogotá se decidía todo y éramos apenas el “departamento de Venezuela”. Páez interpretó el sentimiento venezolano independentista y a través de “La cosiata” decidió que nos separáramos de la Gran Colombia.
La Gran Colombia era irrealizable. Páez fue el héroe glorioso que realizó las grandes batallas. La proeza militar más grande de todas las naciones, firmado por Simón Bolívar, fue del general Páez. Bolívar no era un demagogo. Él expresaba su sentimiento y el de Venezuela, de hecho, Páez se convierte en General en Jefe por decisión de Bolívar después de la contundente victoria en la Batalla de Carabobo. Bolívar expreso que Páez había decidido la batalla en tres cuartos de hora. ¿O es que las palabras de Bolívar nada valen? La patraña sobre Páez la han inventado unos advenedizos en la historia, un teniente coronel que nada sabe de historia. ¿Páez fue el primer presidente de Venezuela y el mejor que hemos tenido. Consagró 60 años de su vida a servirle al país. Fue un venezolano que se superó de ser peón de hato. Vivió sus últimos años en la más ínfima pobreza, dependiendo solamente del sueldo que le suministraba el Ejército argentino. No como lo quieren hacer ver hoy, que murió rico en Nueva York y que era un imperialista. ¡Por Dios, para esa época no existía el imperio! Chávez quiere sacar los restos de Páez del Panteón Nacional, mientras que allí reposan los restos de un cacique que nunca existió, como Guaicaipuro. El Presidente es muy injusto. Aquí el verdadero traidor es él”.
Miembro de la Academia Nacional de la Historia.
Ha estudiado por 30 años la vida de Páez
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