25/6/12

"La victoria de Henrique Capriles es posible aunque no inevitable"


  La única forma de que la oposición cuaje la posibilidad real de victoria es con una denuncia política del plan del Gobierno, no sólo ni tanto de desconocer un resultado electoral favorable a Capriles, sino de la voluntad oficial de impedir, por la vía del CNE, del RE, de las mesas, de la intimidación de miembros del Plan República, de grupos paramilitares, de las mesas para "espacios chavistas", que se materialice una votación efectiva, mayoritariamente dirigida a Capriles.



"La victoria de Henrique Capriles es posible aunque no inevitable"


¿Y si no quieren?
Como ustedes saben hay un sector del régimen emperrado en no entregar el poder a como dé lugar. Está constituido por aquellos que siguen el consejo del venerable Fidel, según el cual las revoluciones solo hacen elecciones que ganen, como en su momento se lo manifestó al tarambana D. Ortega en la elección que le ganó Violeta Chamorro. Más adelante, el entonces anciano en ciernes lo repitió en Venezuela.
La lógica es simple: una revolución no puede entregarse al vaivén de las masas, las que son influenciadas por partidos burgueses e imperialistas. El Stalin que todo jefe chavista lleva en el alma determina que sólo hay dos tipos de seres humanos: los míos y los agentes de la CIA, conscientes o no; en consecuencia, ¡cómo se va a poner la revolución en las mentes nubladas y manos horribles del enemigo!

Los métodos para resistir la voluntad popular son variados. En tiempos de Pérez Jiménez cuando la oposición ganó las elecciones en 1952, sencillamente los mandos militares decidieron no reconocer los resultados e instalaron al coronel en la presidencia y se acabó. Pero ahora no se puede hacer eso. Ahora hay que ganar las elecciones o, al menos, parecer que se ganan.
No es real el escenario de un CNE que certifique abiertamente que Henrique Capriles ganó las elecciones y que posteriormente los jefes chavistas se alcen con un grupo de militares y de civiles armados. Si el CNE dice que Chávez perdió le ocurrirá como a Pinochet con el referéndum de 1988, que cuando quiso alzarse era tarde porque ya varios líderes militares sabían que había perdido y así lo expresaron a la prensa antes de reunirse con el Comandante en Jefe chileno.

No existiendo posibilidad real de que el CNE diga una cosa y que Chávez y su grupo pretenda contradecirla, es obvio que la estrategia del régimen está dirigida a impedir que el CNE diga algo diferente a que Chávez ganó. Por lo tanto, la oposición está en la obligación de resolver dos problemas en vez de uno: tener los votos e impedir que por los caminos verdes desaparezcan, no se cuenten o les sean añadidos al caudillo por obra y gracia de la mano virtual.


SOBRE EL RECONOCIMIENTO DEL RESULTADO.
Dicho que no es viable alzarse frente a un resultado emitido por el CNE, el Gobierno se ha propuesto que no haya dudas de cuál será. Es oportuno decir que lo que el régimen quiera no es inevitable que ocurra, pero es bueno estar advertido del sentido de su trabajo.
Chávez una y otra vez le reclama la oposición que manifieste su voluntad de acatar el resultado electoral y ésta, remolona, no lo dice con claridad. ¿Por qué? Claro como el agua: lo que se le pide a la oposición es que acepte la victoria del Presidente que eventualmente se produciría en el marco del ventajismo, el Registro Electoral manoseado y fraudulento, las reubicaciones inconsultas de electores e intencionalmente disruptivas, creación de centros electorales con escaso acceso opositor y otras lindezas. En síntesis, el gobierno le dice a la oposición que acepte de antemano el resultado electoral enmarcado en el ventajismo y el fraude. De lo que recuerde este narrador, solo Ramón G. Aveledo ha dicho que si Chávez quiere ese compromiso también él debe comprometerse a que cese el ventajismo abusivo sin precedentes y la manipulación. No hay respuesta oficial.

Si la oposición encabezada por el candidato se planta en la idea de que se reconocerá cualquier resultado siempre y cuando las elecciones sean libres y limpias se podría meter en una apuesta elevada, históricamente majestuosa y definitiva. Sería decir: te reconozco si ganas elecciones limpias, pero no te reconozco si ganas elecciones fraudulentas.
La mayor parte de las encuestas dice que Chávez está por arriba, pero lo sorprendente es que hay un porcentaje de indecisos que puede llegar hasta un tercio de los electores. Sin convertir estos instrumentos en los oráculos que han pretendido ser, hay una realidad y es que la polarización produce bandos opuestos radicales pero también hay electores que por temor, hastío, prudencia o cualquier otra motivación no revela sus preferencias. Allí tendría Capriles amplias posibilidades de capturar un tajo mayoritario de indecisos como para ganar. Es decir, su victoria es posible aunque no inevitable.



EL TEMA ESENCIAL DEL GOBIERNO ES EL CNE.
Si Chávez ganara con los votos, en un marco de ventajismo radical aceptado por la oposición, ningún pataleo creíble cabría el 7 de octubre. En otro contexto, si ganara con votos producto del fraude, del ventajismo, del abusivo uso de los recursos del Estado lo cual incluye el aparato comunicacional público, y con las maquinaciones del sistema electoral, la única forma de enfrentar una falsa victoria es mediante la denuncia orgánica desde ya, del escamoteo en marcha. No se trataría, entonces, de denunciar esta o aquella irregularidad -cosa que hacen cada vez más los opositores- sino de denunciar cómo esas irregularidades forman parte de un plan para impedir, ilegalmente, la posible victoria opositora, lo cual le daría autoridad política y moral a Capriles para denunciar todo el proceso y solicitar activo respaldo popular.

Por cierto, en este punto cabe un inciso. La idea de que hay que quedarse quietos porque se van a ganar las elecciones pero que si el 7-O las pillan entonces se llamará al pueblo a la calle, es totalmente irreal. A una sociedad que se le anuncia una victoria segura no se la llama en un día para que se enfrente a un fraude; lo más probable es que no salga, pero si sale a la calle -en esas condiciones de improvisación- los mismos que han robado las elecciones no tendrán remilgos a la hora de reprimir con todo; una dirección responsable no someterá a la sociedad a ese albur.

La otra opción es que Capriles gane y que en el tejemaneje dentro del CNE alguien pretenda que los datos se cambien al estilo del plebiscito de Pérez Jiménez en diciembre de 1957. En ese caso, la oposición ya tendría toda la información, lo mismo que los militares institucionalistas y las fuerzas organizadas, y se podría producir la situación del referéndum constitucional de 2007 cuando el régimen de Chávez fue paralizado por la combinación de la actitud decidida y planificada de los partidos en el CNE, el movimiento estudiantil y los militares, estimulados por quien había sido hasta hace poco su jefe, el general Baduel.

CONCLUSIÓN.
La única forma de que la oposición cuaje la posibilidad real de victoria es con una denuncia política del plan del Gobierno, no sólo ni tanto de desconocer un resultado electoral favorable a Capriles, sino de la voluntad oficial de impedir, por la vía del CNE, del RE, de las mesas, de la intimidación de miembros del Plan República, de grupos paramilitares, de las mesas para "espacios chavistas", que se materialice una votación efectiva, mayoritariamente dirigida a Capriles.

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