12/9/09

Después de las marchas, ¿qué?

FAUSTO MASÓ

¿Otra marcha? ¿Y otra? Nada levanta el ánimo como una buena marcha, pero también al volver a casa muchos se preguntan qué viene después, como si no les bastará con caminar, sin darse cuenta de que hacerlo es mejor que ser un estratega de café con leche.

Las marchas representan un acto de fe en que prevalecerá la democracia, una comunión entre el este y el oeste de Caracas, una oportunidad para la creatividad, un desafío compartido: siempre se ignora qué espera a los manifestantes: plomo, gas, agua, o nada.

Esta guerra larga no terminará siquiera con la salida democrática de Hugo Chávez, exige la reconstrucció n de un sistema de partidos semejante al que tuvo Venezuela en los sesenta.

Los partidos avanzaron con la Mesa de la Unidad pero todavía le cargan con todas las culpas que corresponden al conjunto de la sociedad, que se abstiene de organizarse; es decir, de militar en los partidos y sólo los recuerda para reprocharles entupidamente la permanencia de Chávez en el poder. El Gobierno aprieta las tuercas, encajona a la oposición, quiere alcanzar la hegemonía, cerrar las estaciones de radio poco complacientes y controlar los sectores estratégicos de la economía, aunque en realidad lo que logre sea arruinarlos. Por primera vez hay apagones frecuentes en Caracas y las líneas telefónicas comienzan a fallar.

Chávez se jactó en Italia de haber ganado 11 elecciones seguidas, pero teme lo que ocurrirá en diciembre del próximo año. Ha modificado la ley electoral para que la primera minoría, el PSUV, obtenga una mayoría abrumadora, si la oposición no lograse una unidad perfecta, algo que todavía no existe porque no sólo hay una división entre partidos en la oposición sino también entre estos y sectores de la sociedad. La oposición real abarca mucho más espacio social que el que ocupan los propios partidos.

En las grandes ciudades, Chávez pierde las elecciones con un 10% de diferencia en su contra, pero al sumar los votos de las pequeñas poblaciones, de estados como Guárico, gana. En estos estados la oposición no está presente y carece de medios para difundir su mensaje.

La inflación, el desorden, la arbitrariedad, socavan al chavismo. El Gobierno vacila en cambiar el sistema cambiario, preserva la ilusión de un dólar a 2,15 bolívares. ¿Hasta cuándo? La economía amenaza con estallar a través del desabastecimiento o de una mayor inflación.

Chávez viajó a una Rusia que ya no existe. Imagina una alianza semejante a la de Cuba con la Unión Soviética que provocó la crisis de los cohetes, casi una guerra mundial. Hoy militarmente a Moscú le costó derrotar a Georgia y ahora se limitará a venderle tanques y aviones a Chávez, quien busca un escenario en Siria y en Teherán. Su antiimperialismo no encaja frente a Obama, a quien que apoyan 70% de los europeos.

Chávez necesita a los rusos, a los franceses y a los españoles, a las grandes multinacionales para aumentar la producción de petróleo. Repsol descubrió en Venezuela un gigantesco campo de gas. Cualquier día, Chávez le pide a Exxon que vuelva.

¿Y las marchas? Las marchas son un medio, no un fin. Benefician a las zapaterías, disminuyen la barriga, muestran la volubilidad del Gobierno al reprimir.

Contra la unidad de la oposición conspiran los francotiradores que disparan por la espalda contra los líderes de la oposición, los intrigantes, y el propio Chávez. No es fácil. Sigan marchando.

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